Mar. 13 Enero 2026 Actualizado 2:43 pm

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EE.UU. ahora negocia en términos de fuerza e imposición violenta (Foto: Fuerza Aérea de los Estados Unidos)
El 3 de enero en la Estrategia de Seguridad Nacional 2025

Venezuela y la brutal ejecución de la nueva doctrina imperial

La operación militar estadounidense del 3 de enero, que culminó con el secuestro del presidente Nicolás Maduro y de la primera dama Cilia Flores en suelo venezolano, no fue un desvío táctico ni una decisión aislada. Fue la primera ejecución pública del "Corolario Trump" tras el despliegue caribeño.

Esta es una doctrina incorporada formalmente en la Estrategia de Seguridad Nacional 2025 (ESN), que redefine la soberanía en el Hemisferio Occidental no como derecho jurídico sino como capacidad funcional alineada con los intereses estratégicos, económicos y tecnológicos de Estados Unidos (EE.UU.).

La administración de Donald Trump explicó en dicho documento cómo pretende restaurar su "esfera de influencia" en las Américas, en lo que destaca un enfoque de realismo imperial al aceptar explícitamente la búsqueda de poder como objetivo, en lugar de negarlo como antes. Según la ESN, esta "esfera de influencia" tiene como misión garantizar la seguridad nacional y la prosperidad del país norteamericano.

EE.UU. —aun en fase de declive estructural, pese al discurso triunfalista de Trump— siempre ha perseguido sus intereses estratégicos, pero los ha disfrazado con el lenguaje del "orden basado en reglas", con el Derecho Internacional o con la democracia, retóricas diseñadas para obtener consenso global.

Sin embargo, la ESN abandona esa fachada; ya no se invoca el multilateralismo ni las normas como justificación porque la operación imperial no busca legitimidad sino eficacia técnica. La hipocresía deja de ser útil cuando el objetivo consiste en imponer una soberanía funcional y castigar a quienes, como Venezuela, se niegan a integrarse en la cadena de valor estadounidense.

La farsa ha terminado; lo que queda es la gestión coercitiva del riesgo.

Así, y a continuación, enumeramos cómo lo ocurrido el 3 de enero se enmarca en la nueva Estrategia de Seguridad Nacional estadounidense, sin dilaciones conceptuales salvo cuando haga falta para la claridad del análisis.

VENEZUELA COMO CASO-LÍMITE DE SOBERANÍA ILEGÍTIMA

La ESN establece que solo es legítima la gestión estatal que no interfiera —y preferiblemente facilite— la cadena de valor estadounidense.

Venezuela viola este principio al mantener alianzas con China, Rusia e Irán, incluso con Türkiye, y al controlar sus recursos energéticos sin entregarlos a capitales alineados; también al desarrollar mecanismos de comercio que eluden el dólar.

En este marco su soberanía, aunque reconocida por el Derecho Internacional, se vuelve funcionalmente ilegítima.

RESCATE DEL PETRODÓLAR COMO OBJETIVO CENTRAL

El blanco principal no fueron las reservas petroleras —asimismo importantes dentro de la lógica imperial— sino la moneda en la que se comercializan. Al romper el bloqueo comercial-financiero y negociar crudo fuera del sistema dolarizado, Venezuela abrió una brecha real en el monopolio del petrodólar existente desde 1974.

Dado que el déficit fiscal, la deuda pública y el gasto militar de EE.UU. dependen de la hegemonía del dólar, esta fuga constituye una amenaza sistémica.

La operación militar y el secuestro presidencial buscaban detenerla y asegurar la reabsorción de activos críticos, como los hidrocarburos, al circuito financiero estadounidense.

SOBERANÍA FUNCIONAL = CONTROL INFRAESTRUCTURAL

La ESN abandona la lógica de ocupación territorial y prioriza el control de nodos estratégicos: energía, logística, minerales críticos, estándares técnicos.

Por eso sanciona no solo personas, sino sistemas: mecanismos financieros alternativos, tecnologías relacionadas con hidrocarburos fuera de su circuito dolarcéntrico, acceso a mercados financieros.

La "venta forzosa" de Citgo, el bloqueo de transacciones en dólares y la exclusión de redes de pago global no son medidas punitivas sino operaciones técnicas de gestión del riesgo, según la racionalidad de la ESN.

VENEZUELA COMO OBSTÁCULO ONTOLÓGICO AL CAPITAL FINANCIERO-ESPECULATIVO

El capitalismo estadounidense ya no genera valor principalmente en la esfera productiva, en su lugar lo hace mediante especulación financiera. Pero esa ficción requiere reapropiarse de espacios reales de riqueza material para sostenerse.

Venezuela, con oro, coltán —y múltiples minerales—, biodiversidad y soberanía energética representa un territorio de rescate ontológico. Al retener valor en lugar de entregarlo según la lógica predatoria, se convierte en un obstáculo estructural que debe reintegrarse al circuito imperial, por la fuerza si es necesario. El caso venezolano, en este sentido, se hace ejemplarizante.

EL COROLARIO TRUMP COMO TECNOLOGÍA DE EXCLUSIÓN

La ESN no niega la existencia de Venezuela como Estado, pero la sitúa en una zona de excepción: como el homo sacer conceptualizado por el filósofo italiano Giorgio Agamben, puede ser castigada sin que ello constituya una "violación de soberanía" porque su modelo político es incompatible con el orden hemisférico funcional.

  • El homo sacer es una figura del derecho romano arcaico que designaba a una persona excluida de la comunidad política: podía ser matada sin que ello constituyera un crimen, pero no podía ser sacrificada en ritos religiosos. En la teoría política contemporánea (Agamben), simboliza al sujeto reducido a "vida nuda", expuesto a la violencia del poder soberano sin acceso a los derechos ni a la protección jurídica.

El concepto de homo sacer puede extenderse al plano estatal: un país como Venezuela, al ser considerado "funcionalmente ilegítimo" por no alinearse con el orden imperial, es tratado como un Estado-sacer: excluido del Derecho Internacional efectivo, sujeto a coerción sin que ello se considere agresión y expuesto a la violencia del poder hegemónico sin acceso a los mecanismos de protección que rigen para los Estados "legítimos". Es la lógica del régimen de excepción aplicada a la soberanía: se reconoce formalmente su existencia, pero se niega su derecho a ejercerla autónomamente.

Cualquier acción coercitiva —militar, financiera, diplomática— se justifica entonces como prevención técnica, no como agresión política.

EJEMPLO DISUASORIO PARA EL RESTO DEL HEMISFERIO

El objetivo es tanto cambiar, o modificar, la conducta del gobierno venezolano como invalidar su modelo como posibilidad.

Si Venezuela logra sostener su autonomía, otros países podrían imitarla. Por eso el cerco militar en el Caribe y los hechos del 3 de enero han buscado demostrar que ningún Estado hemisférico puede existir fuera de la órbita funcional estadounidense.

La operación de ataque militar y secuestro presidencial en suelo venezolano fue un mensaje simbólico y práctico: quien se resista será tratado como anomalía sistémica, no como interlocutor legítimo.

La farsa ha terminado

El ataque contra Venezuela ejecuta la ESN 2025 con coherencia brutal. La nueva realidad que Washington impone en el hemisferio —una arquitectura de soberanía selectiva, control infraestructural y coerción económica— se ensaya sobre Venezuela como laboratorio y precedente.

Mientras Venezuela siga existiendo como alternativa posible, el orden funcional del imperio en declive permanecerá incompleto.

Esta es la realidad de la geopolítica de las grandes potencias, hasta ahora disfrazada con retórica sobre "democracia", "Derecho Internacional" o un supuesto "orden basado en normas" —la carta preferida de la era Biden—. Estados Unidos ya no oculta esa lógica: ha abandonado los juegos mentales del liberalismo cosmopolita y opera con frialdad técnica.

Idealmente, podría evolucionar hacia una hegemonía que, sin renunciar a su ventaja estructural, garantice cierta estabilidad y beneficios compartidos dentro de su esfera —no por generosidad, sino por cálculo estratégico—, pues ese modelo es el más sostenible para mantener cohesión regional y legitimidad funcional.

Pero la ESN revela otra senda: la imposición coercitiva de una soberanía selectiva, en la que la cooperación es condición de alineación, no de reciprocidad.

La historia de la hegemonía coercitiva de Estados Unidos generó en todo el continente americano movimientos de resistencia que buscaron escapar de su órbita funcional; repetir esa misma política solo reproducirá sus consecuencias estructurales y, con ello, socavará los propios intereses estratégicos de Washington.

Más allá de las valoraciones sobre Venezuela, resulta revelador —y alentador— que Estados Unidos haya dejado de disfrazar la lógica de poder que subyace en su Estrategia de Seguridad Nacional: la geopolítica de las grandes potencias, especialmente de Estados Unidos, ya no se negocia en términos de consenso, sino de imposición letal.

— Somos un grupo de investigadores independientes dedicados a analizar el proceso de guerra contra Venezuela y sus implicaciones globales. Desde el principio nuestro contenido ha sido de libre uso. Dependemos de donaciones y colaboraciones para sostener este proyecto, si deseas contribuir con Misión Verdad puedes hacerlo aquí<