Mié. 21 Octubre 2026 Actualizado 3:45 pm

BCV

El Ejecutivo nacional y el Banco Central de Venezuela (BCV) han lidiado una difícil política para cerrar la brecha cambiaria, un factor de importante distorsión en la economía del país (Foto: Archivo)
Aristas, costos y beneficios

La difícil contención de la brecha cambiaria en Venezuela

El desempeño de la economía venezolana ha tenido variaciones significativas en lo que va de año, si se compara con su estatus en enero. Uno de los elementos más importantes para la dinámica interna y la cotidianidad de la población es el de la llamada "brecha cambiaria", o la distancia porcentual entre el tipo de cambio referido por el Banco Central de Venezuela (BCV) y la stablecoin USDT.

El promedio de la brecha en el mes de enero fue de 65,7%, mientras que el registro de octubre, hasta ahora, es del 11,7%. Esto sugiere que la grieta se ha achicado en un 82,1% desde los niveles reportados a inicios de año.

Este indicador comenzó a estabilizarse y consolidarse en niveles cercanos al 15% (e incluso mínimos de 12,3%) a partir de los meses de julio y agosto de 2026. En los últimos tres meses, la variable se ha estabilizado entre un 12 y 13%, marcando una tendencia lo suficientemente consistente.

El difícil camino de la gobernanza cambiaria

La atenuación de la asimetría entre el dólar BCV y el USDT ha sido impulsada por una combinación de políticas macroeconómicas del Ejecutivo venezolano, aunadas a dinámicas coyunturales del mercado.

Primeramente, el BCV incrementó drásticamente su política de intervención cambiaria. Las autoridades han suplido al sistema bancario formal con miles de millones de dólares.

Solo durante los primeros seis meses del año (dando por contado que en el mes de enero se mantenían los rasgos disruptivos del bloqueo naval al país), el sistema cambiario recibió unos 7.738 millones de dólares. Hasta lo que va de octubre, la cifra habría superado los 12.000 millones de dólares.

Esta es una cifra significativamente mayor que la reportada en 2025. Durante el año pasado, se colocó un monto total de 3.154 millones de dólares exclusivamente por concepto de intervención cambiaria directa del BCV.

Del total de esos más de 12.000 millones de dólares que se han movido en el sistema de mesas de cambio, el BCV aporta directamente cerca del 88.5% de los fondos, los cuales provienen, fundamentalmente, de las exportaciones petroleras. El restante del circulante en el sistema viene de la mano de oferentes privados.

A lo largo de este año, fue apreciable cómo el diferencial no cedía simplemente porque la demanda corporativa e informal superaba por mucho lo que los bancos podían liquidar a tasa oficial. Hubo que imponer un cambio de enfoque. Al cambiar la estrategia hacia una inyección diaria e intensiva (calculada por firmas económicas en un promedio requerido de entre 1.200 y 1.800 millones de dólares mensuales, según la presión del mercado), el BCV logró saciar la demanda del sector privado, al menos coyunturalmente, de modo continuado en los últimos meses.

Al aumentar sustancialmente la oferta oficial de dólares, se redujo la necesidad y el incentivo de las empresas y ciudadanos de acudir al mercado paralelo (o al dólar digital USDT) para cubrir sus necesidades operativas.

El segundo componente del achicamiento de la brecha es el deslizamiento y depreciación por ajuste de la moneda nacional según la tasa oficial.

A diferencia de periodos anteriores donde se anclaba el tipo de cambio de forma rígida, el BCV ha permitido un ajuste o devaluación gradual y acelerada del dólar oficial. Al permitir que el dólar BCV suba más rápido para acercarse al precio real del mercado, el diferencial matemático con el dólar paralelo se estrechó de forma drástica.

Como tercer gran componente, está la política monetarista. La fórmula combina tres elementos: un alto encaje legal bancario, la absorción de liquidez en bolívares y elevadas tasas de interés para los créditos.

El encaje legal es el porcentaje de los depósitos del público que los bancos comerciales están obligados a congelar en el BCV, sin poder tocarlos. Al mantener este encaje en niveles históricamente altos (cercanos al 73%), el BCV le quita a la banca los bolívares que normalmente usaría para prestar.

El siguiente elemento, la eliminación del crédito especulativo, es resultado de la curva de aprendizaje del mismo gobierno. En el pasado, muchas empresas pedían créditos en bolívares, compraban dólares en el mercado paralelo, esperaban a que el dólar subiera, vendían una pequeña fracción de esos dólares para pagar el crédito en bolívares devaluados y se quedaban con la ganancia neta.

Al no haber bolívares disponibles para prestar (debido al encaje) y al indexar o elevar los intereses a niveles restrictivos, se eliminó por completo el arbitraje o crédito especulativo. Los créditos comerciales, microcréditos y tarjetas de crédito funcionan con un 13-16% anual, indexados en USD.

La absorción de liquidez implica que, al emitir títulos de cobertura o vender dólares directamente en las mesas de cambio, el BCV retira ("drena") de circulación los bolívares emitidos por el gasto público, conteniendo la liquidez en la economía real.

Al haber una escasez estructural de bolívares en la calle, los actores económicos (empresas y ciudadanos) no tienen la liquidez necesaria para presionar la compra de dólares en plataformas digitales o informales. Esto frena en seco la cotización del dólar paralelo y fuerza a la brecha a estrecharse hacia el canal oficial.

EL ALTO DAÑO COLATERAL

La difícil ruta por la gobernanza monetaria también impone altos costos.

Las empresas no tienen amplio acceso a financiamiento bancario tradicional para capital de trabajo, compra de materia prima o mantenimiento de maquinaria. En consecuencia, las industrias y comercios solo pueden operar y crecer con lo que generan de su propio flujo de caja, limitando severamente su escala de producción.

Este elemento contraviene el crecimiento económico, ya que la economía crece en función del goteo de los ingresos petroleros que recaen sobre la economía en su conjunto, mientras muchas empresas pierden capacidades para crecer en su entorno mediante mecanismos crediticios.

Los pocos créditos que se aprueban están indexados a dólar BCV a altos márgenes de intereses. El costo del dinero alto, al punto de que para algunas pequeñas empresas financiarse con un banco se vuelve un riesgo, desincentivando cualquier proyecto de inversión a mediano o largo plazo.

En cuanto a la población, el ciudadano común tiene dificultades para el acceso a tarjetas de crédito utilizables, créditos para vehículos, préstamos hipotecarios o microcréditos. Esta condición es lo que ha abierto la puerta y nuevas oportunidades a la plataforma Cashea, ampliamente popular en Venezuela, por facilitar las compras en comercios con pagos de cuotas al corto plazo.

A la larga, sin condiciones idóneas de crédito al consumo a beneficio de la población, el mercado interno también se ve perjudicado, pues el consumo se reduce a compras de estricta necesidad (alimentos y medicinas), provocando acumulación de inventarios no vendidos en los comercios e inhibiendo el flujo de muchos bienes y servicios.

LOS BENEFICIOS FRENTE A LOS COSTOS

Para el Ejecutivo venezolano, la relación costo-beneficio de su política económica para achicar la brecha pasa por una premisa: la contención de la brecha cambiaria implica atenuar una distorsión que se ha consolidado durante las dinámicas económicas en el país en los últimos años. A juicio del directorio gubernamental, esto es más importante que la constricción del crédito para contener la liquidez.

El primer efecto positivo es la contención de la altísima inflación de finales de 2025 y principios de 2026, aupadas por la asfixia económica y bloqueo naval y petrolero de la administración Trump al país.

En enero, la inflación mensual arrancó el año en un 32,6%. Este fue el punto más alto de presión inflacionaria en tres años, impulsado por una fuerte devaluación y alta volatilidad cambiaria.

En septiembre, el indicador mensual cerró en 8,4%. Esto representa el segundo mes consecutivo del año en el que el indicador se estabiliza en un solo dígito (tras el 8,9% registrado en agosto), consolidando una tendencia a la moderación luego del repunte observado a mitad de año.

Desde la perspectiva del gobierno de la presidenta Delcy Rodríguez, la contracción de la brecha cambiaria atacó uno de los principales motores de la inflación en Venezuela: las expectativas de devaluación.

Entre sus efectos claves está el anclaje de costos de reposición. Cuando la brecha era alta, los comercios fijaban precios, a dólar BCV, calculando un "dólar de cobertura" (muy por encima del paralelo) por temor a no poder reponer mercancía. Al estabilizarse la brecha cerca del 12%, este recargo por incertidumbre desapareció, frenando las alzas mensuales de precios.

En consecuencia, la economía registra una menor distorsión en la cadena de suministros. Los proveedores de materia prima y los distribuidores mayoristas unificaron sus criterios de cobro. Esto evitó el efecto cascada de indexación de precios que inflaba el Índice de Precios al Consumidor (IPC) mes a mes.

A nivel de las ventas al detal y la incidencia sobre el consumidor, ha disminuido la doble marcación de precios o el cobro de comisiones informales en los comercios para "compensar" la diferencia cambiaria, mejorando la confianza del consumidor en el punto de venta, lo cual implica una mayor transparencia en los precios al consumidor.

Seguidamente, al permitirse un deslizamiento controlado del dólar oficial para acercarse al mercado real, los precios denominados en bolívares se ajustaron de forma más orgánica y predecible, evitando saltos inflacionarios abruptos, ocurriendo así una mitigación del "efecto rezago" oficial. Esto contribuyó a ordenar los precios en las cadenas de bienes y servicios, mitigando la inestabilidad y degradando las causas inflacionarias.

Las empresas que están obligadas por ley a facturar a la tasa oficial del BCV sufrían pérdidas patrimoniales severas cuando vendían a tasa oficial pero debían reponer inventarios o pagar servicios en el mercado paralelo. El cierre de la brecha detuvo este rezago y protegió los márgenes de ganancia.

Más allá de estos efectos que recaen sobre la mayoría de la población, hay otros atributos que poseen un significado que se podría considerar político.

Uno de ellos es la reducción del arbitraje, el buhonerismo financiero y bicicletas cambiarias conviviendo en los boquetes y debilidades del mismo sistema cambiario venezolano. Achicar la brecha desincentiva la práctica especulativa de comprar divisas baratas en el sector oficial para revenderlas inmediatamente en el mercado paralelo, una distorsión que drenaba liquidez productiva del sistema y destinaba las divisas disponibles para la especulación.

Otro componente es la recuperación de la competitividad del bolívar. Con una brecha pequeña, los consumidores tienen menos incentivos para deshacerse desesperadamente de los bolívares en plataformas P2P (como Binance), lo que estabiliza la velocidad de circulación de la moneda nacional y fomenta el uso de métodos formales como el pago móvil.

Para el gobierno venezolano, el desafío está en hacer perdurar una brecha mínima.

Precisamente, los próximos meses son los más difíciles en este esfuerzo, y ya la tendencia es típica cada año. El pago de utilidades en bolívares y compras decembrinas incrementan la demanda de divisas al momento. Pero el patrón de alta demanda se extiende hasta enero, cuando muchos comercios presionan para cambiar sus bolívares a divisas, creando presiones sobre los sistemas de oferta tanto de dólares como de USDT.

El escenario de los próximos meses emplazará al directorio económico para ofrecer divisas adicionales en el mercado, pero al mismo tiempo contener otros acelerantes de la liquidez. Un contexto difícil.

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