En una ofensiva relámpago de apenas 18 horas, la geografía militar y política de Asia Occidental ha sido reescrita. Las fuerzas armadas yemeníes (o Ansarolá) han consolidado una victoria territorial de proporciones históricas al tomar el control total de la costa del Mar Rojo y las islas del estrecho de Bab al-Mandab, pero sobre todo han materializado el estrangulamiento logístico de la coalición saudí.
Este movimiento, que corona una operación a gran escala iniciada el 3 de septiembre sobre más de 5.400 kilómetros cuadrados, representa el fracaso estrepitoso de más de una década de agresión y expone la fragilidad estructural de los proyectos estadounidenses en la región.
El detonante de julio y el colapso de las fuerzas proxy
La ofensiva hutí no surgió de la nada. La guerra, letárgica desde el alto el fuego de 2022, se reactivó en julio cuando Arabia Saudita bombardeó el aeropuerto internacional de Saná para impedir el aterrizaje de un vuelo comercial iraní de Mahan Air. La aeronave, la primera en tocar territorio hutí desde que Israel destruyera aviones de la aerolínea Yemenia en mayo de 2025, desvió su rumbo y aterrizó en Hodeidah.
En respuesta, Ansarolá declaró un bloqueo marítimo a todos los buques vinculados a Riad, asfixiando la terminal de Yanbu (que exportaba 4 millones de barriles diarios) y obligando a los petroleros asiáticos a tomar la larga ruta del Cabo de Buena Esperanza.
La ofensiva terrestre de septiembre ha sido el golpe de gracia a un enemigo internamente fracturado. Tras la espectacular ruptura entre Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos (EAU) en enero —que supuso la retirada emiratí de su apoyo al Consejo Transitorio del Sur (STC)—, Riad intentó unificar las facciones bajo un Comité Militar Supremo. El resultado ha sido un desastre.
Testimonios en el terreno describen a combatientes del Gobierno Reconocido Internacionalmente (IRG), la contraparte de Ansarolá, saqueando armas y vendiendo su equipo mientras huían. Las Fuerzas de Resistencia Nacional, lideradas por Tareq Saleh (sobrino del exaliado de Riad, Ali Abdullah Saleh), encabezaron la defensa de la costa pero se retiraron abruptamente, siendo ahora acusados de traición y cobardía por sus propias filas. Como señaló Farea al-Muslimi, investigador de Chatham House, a Drop Site News:
"Siguen subestimando groseramente las capacidades de los hutíes. Al mismo tiempo, existe un problema fundamental de coordinación militar en las fuerzas del IRG".
El simbolismo de la victoria es absoluto: combatientes de Ansarolá fueron grabados conduciendo vehículos militares por la pista del aeropuerto de Mocha, una infraestructura construida en 2022 precisamente por los Emiratos Árabes Unidos para proyectar su influencia, mientras liberaban a los detenidos de la prisión central de la ciudad.
Soberanía marítima y la ecuación del "asedio por asedio"
La proyección marítima de esta victoria es su verdadero eje geopolítico. Las fuerzas navales yemeníes aseguraron la isla de Mayyun (Perim), ubicada a solo dos millas de la costa, estrechando el canal del Mar Rojo a apenas nueve millas, y avanzaron hacia las islas Zuqar y Hanish.
Lejos de la narrativa occidental que intenta pintar a Saná como una amenaza para el comercio global, el mensaje de las autoridades yemeníes es de soberanía absoluta. El Consejo Político Supremo de Ansarolá garantizó que "la navegación en el Mar Rojo sigue siendo segura", manteniendo la excepción de los buques saudíes. Como sentenció Hizam al-Assad, miembro del Buró Político de Ansarolá, en una entrevista con Al-Mayadeen:
"Nuestro mensaje a los Estados costeros es el siguiente: somos sus socios para asegurar este importante corredor de navegación (...) La operación militar se enmarca en su ámbito interno, en el proceso de extensión de la autoridad del Estado (...) No tiene ninguna repercusión amenazante sobre la seguridad del transporte marítimo internacional".
Esta es la materialización de la doctrina de "asedio por asedio" y "escalada por escalada". Riad, que lanzó 77 ataques aéreos entre el 4 y el 10 de septiembre (la campaña de bombardeos más intensa desde principios de 2022) sobre Dhubab y Mocha, ha descubierto que la geografía no se puede someter con fuego aéreo, ni se puede delegar en mercenarios sin causa, fracturados por las rivalidades de sus propios patrocinadores.
El binomio Washington-Riad
La reacción de la monarquía saudí ha sido una mezcla de pánico y súplica. Según Axios, el príncipe heredero Mohammed bin Salman llamó dos veces al presidente Donald Trump el jueves 10 de septiembre, instándolo a lanzar ataques directos contra Ansarolá. Trump se negó, argumentando públicamente que su enfoque está en garantizar la "libertad de navegación" y "empoderar a nuestros socios regionales".
Sin embargo, un informe de CNN afirmó que hasta 200 asesores militares estadounidenses están proporcionando activamente apoyo de inteligencia y orientación de objetivos a la campaña saudí. Estados Unidos no es, ni ha sido, un espectador: es el arquitecto en la sombra de una guerra que ya ha perdido en el terreno.
Mientras tanto, la crisis humanitaria se profundiza: la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) reporta que al menos 46 mil personas han sido desplazadas en la costa oeste y Taiz, huyendo hacia Aden y Lahj, mientras la crucial carretera Mocha-Taiz ha quedado completamente cortada.
Guerra energética y el shock macroeconómico global
En un movimiento que amplifica el impacto estratégico, imágenes satelitales y datos de la NASA detectaron incendios cerca de una estación de bombeo de la crítica tubería Este-Oeste de Arabia Saudita, presuntamente alcanzada por Ansarolá. Este oleoducto era el último recurso de Saudi Aramco para mover crudo hacia el Mar Rojo evitando el estrecho de Ormuz.
Su vulneración, sumada a los ataques con misiles balísticos y drones que esta semana golpearon instalaciones estatales en Abha, Nayrán y Jizan (dejando 73 civiles heridos), demuestra que no hay infraestructura del bando estadounidense que esté a salvo.
El shock económico es inmediato y global. El crudo Brent superó los 100 dólares por barril, saltando un 6.5% adicional solo el jueves 10 tras las ganancias territoriales hutíes.
- En Estados Unidos, el diésel alcanzó un récord histórico de 5,85 dólares por galón.
Las consecuencias macroeconómicas ya están golpeando a Europa: el Banco Central Europeo (BCE) subió sus tasas de interés un cuarto de punto, y su presidenta, Christine Lagarde, citó directamente la inestabilidad regional, advirtiendo que "el conflicto en Oriente Medio sigue generando presiones inflacionarias, y la inflación se mantendrá muy por encima del objetivo durante un período prolongado".
Una pinza estratégica
La victoria yemení completa un tablero regional coordinado. Mohammad Mokhber, asesor del Líder Supremo iraní, señaló que "el poder de Irán en el estrecho de Ormuz y la determinación autóctona de la resistencia han llevado a Estados Unidos y sus aliados a un callejón sin salida táctico y estratégico".
Mientras Irán despliega misiles balísticos con buscadores electro-ópticos que han dañado severamente las instalaciones de la Quinta Flota en Bahréin, Ansarolá cierra el grifo por el sur.
Ante este escenario, la comunidad internacional se encuentra paralizada. Como concluye Farea al-Muslimi sobre la captura hutí de Bab al-Mandab: "Se han quedado sin herramientas, sin tiempo y sin imaginación".
Así, Riad se ve forzada a una nueva guerra que no puede permitirse perder, pero carece de los medios militares y políticos para revertir la realidad en el terreno.