Mié. 11 Febrero 2026 Actualizado 1:33 pm

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La historia de la especie es la historia de la guerra, es la confrontación de las elites poderosas en función de dominio y poder (Foto: El Cayapo)

¿En quién confiar en estos días difíciles?

Pensamos o pensamos, no hay otra opción. Para ser un pueblo sustancialmente trascendente, debemos crear un pensamiento distinto, porque debemos dejar de ser lo que somos, para crear la sustancia de lo que debemos ser trascendentalmente.

Las dos posiciones que a continuación se expresan no son oponentes, son grilletes del mismo dominio.

Mark Carney, Primer Ministro de Canadá anunció en el Foro Económico Mundial de Davos, que el mundo nacido de la segunda guerra ha llegado a su fin. El cínico ex jefe del banco central, Palabras más, palabras menos, dijo:

"Durante décadas, países como Canadá prosperaron bajo lo que llamamos el orden internacional basado en normas. Nos unimos a sus instituciones, elogiamos sus principios y nos beneficiamos de su previsibilidad. Bajo su protección, pudimos implementar políticas exteriores basadas en valores.

"Sabíamos que la historia del orden internacional basado en normas era parcialmente falsa. Que los más fuertes se eximían cuando les convenía. Que las normas comerciales se aplicaban de forma asimétrica. Y que el derecho internacional se aplicaba con distinto rigor según la identidad del acusado o la víctima.

"Esta ficción fue útil, y la hegemonía estadounidense, en particular, ayudó a proporcionar bienes públicos: rutas marítimas abiertas, un sistema financiero estable, seguridad colectiva y apoyo a marcos para resolver disputas. (Siempre que pagáramos la protección al padrino, le faltó decir) Así que colocamos el cartel en la ventana. Participamos en los rituales y evitamos en gran medida señalar las diferencias entre la retórica y la realidad. Este trato ya no funciona, estamos en medio de una ruptura, no de una transición".

Pero Stephen Miller, subsecretario de la Casa Blanca nos vomita la realidad en la cara, con toda su vulgaridad:

"Vivimos en un mundo en el que se puede hablar de sutilezas internacionales y todo lo demás, pero vivimos en el mundo real, que se rige por la fuerza, que se rige por la violencia, que se rige por el poder. Estas son las leyes de hierro del mundo desde el principio de los tiempos". "Para comerciar, necesitan nuestro permiso". "Nosotros fijamos los términos y condiciones. Tenemos un embargo total sobre todo su petróleo y su capacidad para comerciar. Así que, para comerciar, necesitan nuestro permiso. Para poder dirigir una economía, necesitan nuestro permiso". "Estados Unidos está al mando".

Es "absurdo" permitir que un país del "patio trasero" de EE.UU. suministre recursos y reciba armamento de adversarios de Washington: "Estados Unidos está utilizando su Ejército para asegurar nuestros intereses sin disculpas en nuestro hemisferio". Así, o más claro, el poema del poder.

Es en el campo de batalla de esos intereses, donde estamos colocados, nada explica con tanta claridad los sucesos del 3 de enero del 2026 en Caracas. Esta historia estamos obligados a estudiarla desde la realidad misma, porque aún no está definitiva en ningún libro, los hechos se siguen sucediendo aceleradamente. Esta historia verdadera con su realidad evidente, no es la repetición de nada de lo que haya ocurrido anteriormente, en un tiempo, en un espacio, y hasta ahora con unos poderosos decidiendo en base a sus intereses, el devenir de los acontecimientos.

Pero todos los esclavos debemos tener claro que esta historia no la inventamos nosotros, la decidieron los poderosos que nos diseñaron desde siempre como los esclavos que somos. Esta es la realidad, no hay a dónde coger, estamos hablando de un sistema que necesita con urgencia reacomodarse y las reglas existentes no le sirven, necesitan una nueva constituyente, pero como es una dictadura cultural, simplemente impondrá sus nuevas reglas, de acuerdo con sus nuevos hechos.

El humano- capitalismo, hará lo que tiene que hacer para mantenerse dominante en el planeta, su contradicción principal no somos los esclavos, la guerra que está en marcha en todo el planeta es entre capitalistas industriales y financieros especulativos, nosotros seguimos siendo el bocado.

Cuando no somos un país, un pueblo, una idea, cuando siempre hemos sido una mina. Cuando no nos pertenecemos, cuando no nos valoramos, cuando no entendemos que somos esclavos y creemos que somos otros. Cuando no superamos la condición de arreo, horda, tumulto, masa; sin ideas, objetivos, planes en concierto colectivo.

Cuando nos creemos el relato, de una realidad que no hemos diseñado, sino por el contrario nos ha diseñado. Cuando somos el resultado miserable de aquellos que hace quinientos años nos invadieron y nos moldearon a su imagen y semejanza, en estas tierras convertidas en minas por la avaricia.

Cuando las elites que nos moldearon son miserables imitadores. Elites de pocas miras, babeadas y añorantes del pasado que nunca pudieron abandonar. Cuando todo esto se conjuga, realmente no podemos entender que nos pasa, quienes somos. No podemos ubicar la dimensión de un Chávez, ni el esfuerzo de millones de esclavos asesinados por la voracidad del humano-capitalismo en todo el planeta.

Cuando así sucede y no lo analizamos, es imposible dimensionarnos en el tiempo futuro, porque nos preocupa más el aumento de sueldos que nos mantiene ebrios en todos los botiquines de mala muerte de este mundo, rumiando la desgracia, mientras nos revolcamos en las ilusiones y esperanzas de algún día será que seremos dueños o que los dueños devuelvan sus miradas de dioses misericordiosos sobre sus buenas ovejas y nos rescaten del foso al que nos han condenado en nombre de su bienestar.

El 3 de enero del 2026 la violencia del poder y sus intereses nos ubicó en la realidad. De ahora en adelante nada será igual, la fuerza de la costumbre, los hábitos, se han resquebrajado, los que éramos ya no somos. La realidad nos obliga al pensamiento, ningún panfleto por poético, por premonitorio, por ético, por honorable que parezca, nos servirá para descifrar las claves de la realidad.

El problema para nosotros los esclavos, no es si perdemos o si ganamos la guerra, porque nosotros no formamos parte de ningún bando, solo somos el bocado; supongamos que el capitalismo industrial se impone al capital financiero especulativo, lo único que sucede es que todo se reacomoda y las nuevas leyes lo justificarán y comenzaremos de nuevo a trabajar en el marco del capitalismo industrial, hasta que su nueva crisis se manifieste con un capitalismo financiero mucho más feroz en su especulación financiera.

Nos toca pensar como vamos a resolver el problema de nuestra continuidad esclava, ya que seguimos adosados a esa maquinaria perfecta de la guerra, que llamamos el humano-capitalismo, nos toca pensar cómo es que vamos a sustituirla, porque dentro de unos años se repetirá el capitalismo financiero especulativo.

Al no comprender el fin último del capital-humanismo, tener todo el poder con el mínimo esfuerzo, estaremos destinados a seguir siendo lo que hemos sido, pero los hechos son tercos y nos enrostran el papel que jugamos en este sistema, una vez como obreros otra como soldados, en ambos casos produciendo plusvalía o riquezas. Desde esa perspectiva no importa si somos pueblo, mina, país.

El capitalismo es una maquinaria de guerra que para existir necesita consumirse todo recurso que hay en el planeta, el nivel de deterioro del paisaje es absoluto; en 200 años se ha consumido y ocupado lo que no se consumió y copó la guerra en miles de años, peor aún, el capitalismo en China, se ha consumido en treinta años, más de lo que consumió el capitalismo en 200. Este ejemplo nos basta para entender que mientras más progresa esta cultura humano-capitalista, aumenta la especie en condiciones de mayor esclavitud, hace 200 años la especie no superaba doscientos millones, con la aparición del capitalismo ya estamos en los ocho mil trecientos millones y contando.

Los recursos naturales merman, como ejemplo en Venezuela desde la explotación petrolera han desaparecido más de 2000 ríos de los cuales 750 eran navegables. Si nosotros no estudiamos a fondo esa maquinaria de guerra y el cómo sustituirla, las nuevas generaciones estarán comprometidas. Porque una de las características fundamentales del humano-capitalismo es que vive del futuro físico, mientras nos lo paga con ficticios títulos de valores.

Durante doscientos años esta cultura ha sido combatida, primero empíricamente, bajo ideas socialistas, utópicas, anarquistas y luego bajo el precepto del comunismo científico, dando como resultado millones de obreros y campesinos asesinados por el humano-capitalismo, demostrándose hasta la saciedad que esta cultura enemiga no se puede combatir, porque cuando la confrontas, se vuelve más enemiga aun de lo que ya es, porque vive de ser enemiga y mientras más enemigos se afilien, más fuerte se torna como cultura.

El dilema a resolver es como sustituirla por una cultura para la gente, conversa necesaria, ya que no se trata del individuo, se trata de la especie que continuará reproduciéndose, así no queramos algunos. No le demos fuerza al egoísmo, démosle fuerza a la posibilidad de estar juntos y resolver juntos el problema, es de lo que en definitiva se trata. No sigamos individualmente pagando los platos rotos.

Lo que se cuenta

La historia de la especie es la historia de la guerra, es la confrontación de las elites poderosas en función de dominio y poder, todo avance, todo progreso, toda civilización o cultura que se nos muestre es el resultado de la lucha por el poder.

La guerra ha sido un medio de acumulación de capitales, es en sí misma un aparato de producción reformulado de mil formas, el modo de producción capitalista es la gran maquinaría de guerra que los dueños han ido perfeccionando para enriquecerse cada vez más, con la menor inversión posible, ellos han logrado que los costos también los paguemos los esclavos y la naturaleza en general.

No existe sitio alguno en este planeta, donde la especie no haya experimentado los estragos de la guerra, unos con mayor intensidad que otros, pero en general todos hemos sido afectados por este medio de obtener botín controlado por elites poderosas que nos venden el relato de su necesidad como si también fuera la nuestra.

Este aparato retocado durante siglos, ha convertido en mina a todo el planeta, no funciona de otra manera, ni funcionará, no es verdad que si tal o cual gana la guerra, en adelante el mundo de los esclavos será feliz. Tenemos que aprender, porque la guerra es la guerra y es lo que nos imponen.

El Humano-capitalismo es la máquina de guerra más bella que se ha diseñado en este planeta, vivimos en medio de la guerra, sin percatarnos de las batallas cotidianas. El lenguaje, las imágenes, los hechos, las construcciones, la arquitectura, el arte, el conocimiento; no hay nada que no sea su producto, su imagen y semejanza, pero lo más interesante es el nivel de alienación o enajenación en la que nos mantiene, porque no hay ninguno de nosotros que no la defienda, incluso cuando creemos luchar en su contra.

Cuando revisamos al capitalismo a fondo, nos damos cuenta que apela a todo, tiene la propaganda, la información, la operación psicológica, las armas propiamente dicha, controla los territorios, la logística, los recursos, el transporte y en la actualidad por medio del relato y las nuevas tecnologías, controla los cuerpos y cerebros de los más de ocho mil millones de esclavos que somos. Todo el mundo aspira lo mismo, no importa que piense, ni en que bando estemos, todo el mundo quiere lo mismo, vivir como el dueño, ser dueño. Es lo que toca entender para saber que nos está pasando a todos los esclavos en el mundo y sobre ese conocimiento, que decisiones tomar.

Un disparo de relato va directo al cerebro, es una bala que no la detiene chaleco cerebral, no hay un protector anti-relato, no hay cerebros anti-relatos, todo va directo a lo más profundo del cerebro, en las redes todo es explícito y no hay colador de ningún tipo, el algoritmo conduce a más de ocho mil millones de esclavos, sometidos por los dueños de las redes.

Las grandes jugadas que está ejercitando el humano-capitalismo en el mundo nos enseñan a entender la brutalidad del sistema donde vivimos. Es una enseñanza. Se comprueban dos cosas, a saber, Venezuela es el bocado en la jugada y China el enemigo real.

Todo lo que se está haciendo contra Venezuela es para afectar a China y los intereses chinos. Hay una razón muy simple: la guerra es inter-capitalista. El capital financiero especulativo, atrincherado en el ejército norteamericano, las tecnologías de punta, los centros de información, el control de internet y el control financiero, está en un proceso de declive, ya que nadie quiere seguir comprando dinero sin respaldo, mientras que los chinos están sustentados en un modelo industrial. Lo que estamos viendo es un acto de fuerza, pero no de fortaleza de parte de ese sector financiero especulativo, usando a Venezuela como demostración de sus capacidades y decisiones.

Pero con esta jugada también se están llevando por los cachos a todas las instituciones que desde hace ochenta años le han servido al capital para lograr sus objetivos, colocándolas en evidencia de que no se pertenecen ni son independientes de los intereses del gran capital que gobierna al mundo, en adelante sea lo que sea que suceda, estas instituciones no van a poder jugar en el nuevo tablero que se va a constituir.

Porque la guerra la va a ganar el capital industrial asentado en China, Rusia, India y otros países; y la van a ganar, porque una guerra entre potencias no se puede ganar si la industria no está funcionando al cien por ciento.

Esto nos llama a la reflexión, no somos nosotros los que estamos jugando, somos el balón. Es simplemente el desenvolvimiento de los acontecimientos de cada uno de esos intereses. No podemos seguir haciendo lo que hemos estado haciendo, tenemos que cambiar radicalmente todo el andamiaje construido desde el panfleto.

Chávez nos enseñó con su ejemplo a estudiar siempre, pase lo que pase, en el libro de la realidad.

Estamos obligados a prepararnos para ir pensando las otras opciones productivas, ir pensando cómo construirnos como país. Porque el problema es que tenemos un pensamiento con un cerebro impuesto, 500 años llevamos nosotros pensando como el enemigo. Es difícil que le ganemos al enemigo si tenemos su mismo pensamiento. "Sí, porque queremos vivir bien", pero el modelo de vivir bien, es como un dueño. La esperanza que tenemos es de tener un yate, una mansión y una piscina y por ahí no es la cosa.

Lo primero que debemos aprender: como quitarnos el panfleto del cerebro. Tenemos que saber que la comida, la bebida, que la ropa, el lenguaje, la música, el baile es extranjero, y hasta los sueños son extranjeros. Entonces, es muy difícil que salgamos del marasmo con el mismo pensamiento. Es imposible. Ese es el problema al que estamos obligados a enfrentarnos, porque querámoslos o no, es aquí donde vivimos, donde nacimos, donde están los abuelos y los hijos y es aquí donde estamos obligados a pensar y experimentar y construirnos como pueblo y país.

Ahora, ¿bajo qué condiciones? ¿Cómo, cuándo, dónde, con quién pensarnos?

Cuando decimos "los venezolanos, los venezolanos"... sí, pero el que está alegre porque el capital financiero bombardeó este territorio y mató a la gente, ¿cómo puede ser venezolano? cómo esas personas pueden ser venezolanos, porque si somos venezolanos, ¿cómo es que nos alegramos, qué significa entonces serlo?, "No, es que él tiene su propia manera de ver la vida". Ah sí, ¿verdad? Entonces, si cada uno tiene su manera de ver la vida, no estamos hablando de un pueblo, sino de un arreo de esclavos y dueños, individuales y egoístas, que pretenden cada uno consumirse al territorio o venderlo por pedazo, sin que les duela ninguna raíz o apego cada uno peleando por su arepa como cualquier esclavo o dueño en el mundo.

Los que somos tenemos años siendo permeados, enajenados y alienados por un pensamiento extranjero. Porque es la única manera que nos expliquemos la miserable reacción ante los hechos. Y esa es una porción muy importante de venezolanos. Gente que no se pertenece, que no se quiere, que no quiere familia, que no quiere amigos, que no quiere vecinos, ese es el dilema al que nos enfrentamos.

Los empresarios, hay empresarios nacionalistas, no, los empresarios no son nacionalistas, porque el capital no es nacional. El capital es foráneo, es una cultura conceptual. No pertenece a la raíz de este territorio, aunque tenga su centro de explotación en esta fundación. "Empresario nacionalista" es una ideología. Es una mentira absoluta. El empresario nos va a entregar y venderá el territorio cuando nos descuidemos.

Bueno, apenas habían secuestrado a los compañeros y la sangre de los defensores no se había secado, cuando los muy ladinos, dispararon los precios. Tremendos nacionalistas. Y al día siguiente de una vez los supermercados entrenaditos: "No se vende por bulto". Guardando las carnes, la charcutería, y atendían desde adentro así como si estuviesen vendiendo perico o armamento clandestino, los bichos, entrenados para especular. Y después regresan con el discursito de los bellos comerciantes, que viven entre nosotros especulando, robando, chupando; sanguijuelas mercando.

Es parte del aprendizaje que nos toca. Porque sea donde sea que estemos, sea el tiempo que pase, nosotros estamos aquí. Nacimos aquí por buena o por mala leche, no en otro lado. Y es aquí donde hay que defender el territorio y de donde hay que pensarlo y construirlo, fue lo que nos dijo Chávez. Chávez no ofreció casa, ni comida, dijo vamos a construir un país, hermano. Y literalmente le debemos tomar la palabra.

Vamos a pensar cómo es. Porque no somos sabios para saber cómo se hace un país desde el nosotros y no el remedo que nos impusieron desde Europa y Estados Unidos después. Primero hay que pensarla. Ajá, ¿cómo es la vaina? Primero se hace la comida, o se hace el vestido, o se hace la alpargata, o se hace carro, o se hace tractor ¿qué hay que hacer, cómo hay que hacerlo, es industria, no es industria, es conuco, no lo es? Todo nos lleva a analizar.

¿En quién confiar en estos días difíciles?

Debemos tener certeza de que los compañeros tanto los secuestrados como los a cargo del gobierno están en sus trincheras, nosotros en la nuestra. No caernos a cobas, que si traiciones, divisiones, separaciones, que aquel dijo, que el otro no dijo, que yo no sé qué... es una etapa de la propaganda que el enemigo implementa y propagará, para generar divisiones y resquemores, despertar ambiciones entre los luchadores. Sin duda alguna nosotros confiaremos en el gobierno, si en treinta cuatro años no nos han mentido, porque dudar ahora, cuando más juntos debemos estar. No hay duda, en más nadie. Eso sí, siempre pensando colectivamente en lo que estamos diciendo. Nada de esperar, nada de ilusiones, panfletos o quimeras, nos toca pensadera, trabajo y pensadera juntos.

— Somos un grupo de investigadores independientes dedicados a analizar el proceso de guerra contra Venezuela y sus implicaciones globales. Desde el principio nuestro contenido ha sido de libre uso. Dependemos de donaciones y colaboraciones para sostener este proyecto, si deseas contribuir con Misión Verdad puedes hacerlo aquí<