Mié. 04 Marzo 2026 Actualizado 2:59 pm

vacuna

Venezuela activa un masivo plan de salud en coordinación con sectores públicos y privados (Foto: Archivo)
Sanciones, pobreza y crisis climática como condicionantes

A fondo: Venezuela pasa de la resistencia a la ofensiva en materia de salud

La reciente activación de un plan especial de vacunación contra la fiebre amarilla en cuatro estados de Venezuela es una respuesta sanitaria que, en el contexto actual, representa un desafío logístico y político de primera magnitud. Se trata de restablecer barreras inmunológicas colectivas que fueron severamente debilitadas por el impacto de las sanciones internacionales, justo cuando el virus reaparece con fuerza en la región impulsado por la crisis ambiental.

Caída en las inmunizaciones por efecto de las sanciones en la salud pública venezolana

Entre 2017 y 2018, Venezuela experimentó una caída estrepitosa en la cobertura de vacunación, particularmente en inmunizaciones esenciales como la fiebre amarilla. Este retroceso coincidió con el endurecimiento de las sanciones económicas y financieras que obstaculizaron la adquisición de biológicos a través del Fondo Rotatorio de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). La Relatora Especial de la ONU, Alena Douhan, advirtió en 2021 sobre el "efecto devastador" de estas medidas y señaló que la obstrucción para la compra de vacunas a través de la OPS privó a aproximadamente a 2,6 millones de niños de dosis contra enfermedades como el sarampión y la fiebre amarilla.

El impacto fue sistémico, la cadena de suministros se rompió no solo por la falta de divisas, sino también por la reticencia de proveedores internacionales y bancos a realizar transacciones con Venezuela. Entre 2015 y 2018, la movilización de medicamentos del sector público cayó un 73%.

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Evolución de la cobertura de vacunas y aplicación de sanciones (Foto: Misión Verdad, basado en información de Venezuela en cifras, enero 2023, y Observatorio Venezolano Antibloqueo (2023))

En un país endémico para la fiebre amarilla, con 17 de sus 24 estados en condiciones propicias para la transmisión, este debilitamiento del programa de inmunizaciones dejó un "ejército de susceptibles" en zonas de riesgo, justo cuando el ciclo selvático del virus comenzaba a reactivarse en la cuenca del Amazonas. La merma en la capacidad de respuesta sanitaria dejó al país vulnerable ante amenazas epidemiológicas emergentes, en un contexto donde la dependencia tecnológica del sector farmacéutico se vio exacerbada por la reticencia de proveedores internacionales a operar con entidades venezolanas.

Pobreza y crisis ambiental global, caldos de cultivo para la fiebre amarilla

La fiebre amarilla es una enfermedad viral hemorrágica aguda causada por un flavivirus, de la familia de los arbovirus. Es transmitida por mosquitos de los géneros Haemagogus, Sabethes (en ciclos selváticos) y Aedes aegypti (en transmisión urbana). Su período de incubación oscila entre tres y seis días, con síntomas que incluyen fiebre alta, dolor muscular, cefalea intensa y, en casos graves (15% de los afectados), manifestaciones hemorrágicas e insuficiencia hepática con ictericia. La letalidad en formas graves alcanza el 50%, según el boletín epidemiológico del Ministerio de Salud venezolano del pasado 25 de febrero.

El resurgimiento de esta enfermedad en las Américas responde a una convergencia de factores estructurales. La OPS reportó en mayo de 2025 un aumento de más de ocho veces en los casos confirmados respecto a 2024, con 221 casos humanos y 89 defunciones en Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador y Perú. La enfermedad ha sido históricamente un marcador de desigualdad, estudios académicos señalan la relación bidireccional entre los arbovirus y la pobreza debido a que las epidemias profundizan este flagelo socioeconómico al desarticular comunidades y colapsar sistemas de salud. Además, tanto las viviendas precarias como la falta de saneamiento dificultan el control vectorial .

A esto se suma hoy el acelerador de la crisis climática. La deforestación en la cuenca del Amazonas fragmenta ecosistemas y fuerza el contacto entre primates, mosquitos y seres humanos. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) ha documentado que, entre 2024 y 2025, el virus se expandió hacia zonas antes no afectadas, acercándose peligrosamente a grandes urbes. El cambio climático, al alterar patrones de lluvia y temperatura, amplía el rango geográfico de los vectores, convirtiendo la fiebre amarilla en un problema mayor.

Las alteraciones en los ecosistemas amazónicos han expandido los corredores enzoóticos hacia zonas periurbanas, facilitando el contacto entre reservorios silvestres (monos) y poblaciones humanas no inmunizadas. En el Tolima colombiano, el virus llegó a municipios que históricamente no registraban casos, evidenciando una expansión geográfica sin precedentes.

Esta dinámica es otro reflejo de la crisis ambiental global, que también es sanitaria. La fiebre amarilla, al igual que el dengue o el zika, prospera en contextos de pobreza estructural donde coexisten la falta de acceso a vacunación, la degradación de ecosistemas y la movilidad humana forzada por conflictos o precariedad económica.

En Sudamérica, el 90% de los casos notificados en 2024-2025 correspondieron a personas no vacunadas, según la OPS, lo que evidencia cómo las brechas en cobertura inmunológica —agudizadas por crisis económicas inducidas— crean condiciones para brotes explosivos.

Salud: Venezuela pasa de la resistencia a la ofensiva

En enero pasado, la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, anunció la activación de dos Fondos Soberanos estratégicos para transformar los ingresos por nuevas inversiones petroleras y energéticas en bienestar directo. El primero, el Fondo de Desarrollo y la Protección Social, que está dedicado exclusivamente en la recuperación del ingreso de los trabajadores y el fortalecimiento de los sistemas públicos de salud, educación, vivienda y alimentación en todo el territorio nacional. El segundo, Fondo de Infraestructura y Servicios, se destina a priorizar proyectos críticos de agua, electricidad y vialidad. 

El plan "Salud y Vida 2026" es parte de esta iniciativa e incluye la coordinación entre los entes estatales y privados para garantizar la disponibilidad de materiales y equipos médicos, actualmente se están equipando decenas de centros sanitarios gracias a estas partidas. Precisamente, la vicepresidenta sectorial de Salud, Ecosocialismo, Ciencia y Tecnología, Isabel Iturria, informó que el Gobierno Bolivariano inició una ofensiva para atender cirugías captadas por el 1x10 del Buen Gobierno. "Estamos pasando de la resistencia a la ofensiva, que para nosotros es salud, paz y vida", afirmó al destacar que este modelo desburocratizado prioriza casos pendientes de marcapasos, cateterismos y cataratas desde 2025.

Ante el brote de fiebre amarilla iniciado en junio de 2025 —que acumula 36 casos confirmados en 42 municipios de 14 estados—, el Ministerio de Salud activó el 23 de febrero de 2026 una jornada especial de vacunación focalizada en 22 parroquias de cuatro estados: seis parroquias del estado Aragua, nueve de Barinas, tres de Lara y otras tres de Portuguesa. Esta estrategia responde a la identificación de una "onda expansiva" del corredor enzoótico de San Camilo que ha traspasado las zonas de riesgo históricas, afectando territorios previamente considerados de baja endemicidad.

El plan prioriza alcanzar coberturas superiores al 95% en la población de 1 a 59 años mediante una dosis única que confiere inmunidad de por vida. Paralelamente, se implementó un protocolo especial para viajeros que visiten estas entidades durante la Semana Santa, exigiendo certificado de vacunación con al menos 10 días de antelación. Además, se reactivó la vigilancia de epizootias —muertes de primates no humanos— como sistema de alerta temprana, y se desplegaron brigadas comunitarias para la eliminación de criaderos de mosquitos.

Este despliegue ocurre en un escenario de recuperación gradual del sistema sanitario: según datos del Ministerio de Salud, la importación de productos farmacéuticos creció un 72% entre 2020 y 2022, y la cobertura de vacunación se ha estabilizado entre 66% y 95% según el biológico.  Además, la importación de productos farmacéuticos comenzó a crecer en 2020 junto a la activación distintas fábricas en el país.

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Variación de la importación de productos farmacéuticos y aplicación de sanciones (Foto: Misión Verdad, basado en datos del Observatorio de Complejidad Económica y Observatorio Venezolano Antibloqueo)

No obstante, persisten limitaciones estructurales derivadas del bloqueo: el suministro mundial de vacunas contra la fiebre amarilla sigue restringido —solo cuatro laboratorios en el mundo las producen—, y Venezuela debe competir en un mercado global donde, entre 2001 y 2015, los precios han sido aumentados casi 70 veces por parte de las transnacionales farmacéuticas. Cabe destacar que, según el Informe del Mercado Mundial de Vacunas de 2024, estos precios se han estabilizado.

La respuesta venezolana ante este riesgo epidemiológico evidencia una paradoja sanitaria global: mientras el cambio climático y la degradación ambiental expanden los vectores de enfermedades prevenibles, las barreras geopolíticas dificultan el acceso a herramientas básicas de salud pública.

En este contexto, más que una medida técnica, el esfuerzo de vacunación masiva representa un acto de resistencia frente a un cerco que ha convertido la prevención en un bien escaso para millones de venezolanos.

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