La caída en picada del yen ha hecho saltar las alarmas en Wall Street y en los centros financieros de todo el mundo. Si el Banco de Japón vende su gigantesca reserva de bonos del Tesoro estadounidense (que actualmente supera los 1,2 billones de dólares) para respaldar su moneda en declive, el mercado de bonos estadounidense podría entrar en picada y arrastrar a la economía mundial al abismo.
Por eso, el viernes 31 de julio, el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, puso en marcha una intervención cambiaria sin precedentes para apuntalar el anémico yen y evitar un colapso financiero inminente. Sorprendentemente, Bessent llevó a cabo una operación de intercambio de euros por la moneda japonesa a través de la Reserva Federal (FED, por sus siglas en inglés) de Nueva York para no debilitar el dólar ni desencadenar una ola de ventas de bonos.
Sin embargo, la gravedad de la intervención no pasó desapercibida para los nerviosos inversores, que han atado cabos y comprenden que el esquema Ponzi de la deuda estadounidense, de 40 billones de dólares, es cada vez más inestable y podría desencadenar otra crisis financiera. En resumen, el yen tambaleante no es más que el aviso temprano que alerta de problemas estructurales más profundos que podrían derrumbar todo el castillo de naipes basado en el dólar. Esto es de Forbes:
La inestabilidad del yen japonés podría desencadenar una crisis financiera mundial… El yen ha alcanzado recientemente su mínimo de los últimos 40 años frente al dólar. Se teme que una nueva caída del valor de la moneda provoque una crisis de confianza que no solo desencadene un grave episodio de inflación en Japón… sino que también afecte negativamente a los mercados financieros de todo el mundo.
Por eso, Estados Unidos y Japón acaban de llevar a cabo una intervención conjunta (algo muy poco habitual) en los mercados de divisas para apuntalar el yen. En otras palabras, ambos países utilizaron dólares para comprar yenes.
La intervención ha tenido éxito. Sin embargo, la mayoría de los expertos consideran que el alivio será efímero debido a los factores fundamentales adversos que afectan a Japón: un tipo de interés a corto plazo demasiado bajo (el 1 %, frente al 3,5% aproximadamente de Estados Unidos); una deuda pública que, en términos proporcionales, duplica la estadounidense; el aumento de los precios de la energía; y una población en declive y envejecida.
La preocupación inmediata del secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, es que, en un intento por evitar el colapso del yen, Japón comience a liquidar su cartera de bonos y letras del Tesoro, valorada en 1,1 billones de dólares, por no hablar de sus carteras de bonos alemanes y británicos. Dichas ventas ejercerían presión sobre los tipos de interés. Al fin y al cabo, la financiación de nuestros inmensos déficits presupuestarios y la refinanciación de unos 7 billones de dólares de nuestra deuda existente que está a punto de vencer ya están preocupando a los mercados. Esta inquietud es, por ejemplo, la razón por la que el tipo de interés de nuestros bonos del Tesoro a 30 años ha alcanzado su nivel más alto en casi 20 años.
Bessent quiere que la Fed refuerce un mecanismo que creó en 2020 para hacer frente a la escasez de dólares provocada por la pandemia y que lo utilice ahora para ayudar al yen. También podría recurrir a un mecanismo de la época de la Gran Depresión denominado "Fondo de Estabilización Cambiaria". La idea es que, a través de estos mecanismos, Japón pudiera obtener préstamos en dólares utilizando sus activos del Tesoro como garantía. No sería necesario realizar ventas.
Esta ayuda está bien, pero hay formas mejores y más inmediatas de hacer frente a la crisis. Japón debería aumentar su tipo de interés a corto plazo, que es totalmente irrealista… Otra medida importante que tanto el país como Estados Unidos deberían tomar… es anunciar que quieren un tipo de cambio estable entre el dólar y el yen. Incluso podrían establecer un rango, por ejemplo, de entre 150 y 155 yenes por dólar, y dejar claro que ambos países intervendrían de forma masiva en los mercados de divisas para mantenerlo dentro de ese rango. Japón, si fuera necesario, reduciría la oferta de yenes para mantenerlo en ese rango. Estas medidas acabarían con la crisis inmediata.
Washington y Tokio ya están interviniendo de forma masiva en el mercado para ahuyentar a los especuladores a la baja que no creen que los fundamentos del mercado respalden un yen fuerte. En efecto, Bessent afirma que, si apuestan contra el yen, se verán aplastados por la potencia combinada de la FED y su aliado en Japón. En otras palabras, cualquiera que invierta creyendo que el mercado es "libre y justo" saldrá mal parado.
En segundo lugar, el "mecanismo" al que se refiere Forbes es otro dispositivo de rescate creado por la Reserva Federal, similar a los que se establecieron durante la Gran Crisis Financiera.
Se denomina "Mecanismo de Repo de las Autoridades Monetarias Extranjeras e Internacionales" (FIMA, por sus siglas en inglés), y se gestiona a través del Banco de la FED "para ayudar a apuntalar el yen con préstamos en dólares", con el fin de disuadir a Japón de deshacerse de su deuda estadounidense.
En pocas palabras, se trata de un mecanismo de rescate. La Reserva Federal está concediendo préstamos respaldados por el dólar para impedir que el mercado se reequilibre y evitar una venta masiva catastrófica de deuda estadounidense que podría sumir al sistema financiero mundial en una espiral descendente sin fin.
Pero, ¿servirá de algo toda esta intromisión?
Los inversores no lo creen así. Fíjate en esta nota de Reuters:
Impulsado por las intervenciones de Tokio y la acción coordinada con Washington en los últimos días, el yen se apreció alrededor de un 4% frente al dólar, pero no logró recuperar el máximo alcanzado durante la anterior intervención de las autoridades japonesas en mayo.
Casi el 95% de los aproximadamente 60 participantes de la encuesta realizada entre el 31 de julio y el 5 de agosto afirmaron que las futuras intervenciones del Banco de Japón por sí solas no frenarían de forma sostenible la debilidad de la moneda. Casi todos los encuestados que opinaron así también señalaron que el Banco de Japón tendría que subir los tipos de interés para lograr un efecto duradero…
"La intervención… puede resultar eficaz para frenar el ritmo de la depreciación, reducir las fluctuaciones excesivas del mercado y proporcionar apoyo a corto plazo, pero la historia sugiere que, si no se producen cambios en los fundamentos subyacentes, su impacto se desvanece con relativa rapidez", afirmó Ales Koutny, responsable de tipos de interés internacionales de Vanguard.
Ahí lo tenemos, negro sobre blanco. Se verán obligados a subir los tipos de interés, lo que desviará el capital que se destinaba a los bonos del Tesoro de Estados Unidos hacia los instrumentos de deuda japoneses. Y cuando el principal comprador de deuda estadounidense (Japón) empiece a deshacerse de los bonos del Tesoro estadounidenses, y a comprar, en su lugar, sus propios bonos soberanos, los tipos de interés subirán bruscamente en el país, lo que sumirá a la economía en una recesión prolongada, mientras que las turbulencias en el mercado de bonos empujarán a Washington hacia la insolvencia. Aquí hay más información de Leshka en X:
Algo mucho más importante está ocurriendo en las entrañas del sistema financiero japonés. El rendimiento de los bonos del Estado a dos años acaba de alcanzar el 1,51%. Su nivel más alto desde 1995. El rendimiento de los bonos a 10 años subió hasta situarse en torno al 2,9%. Y el tipo de interés oficial de Japón se sitúa ahora en el 1%, su nivel más alto en 31 años. Esto significa que la era del dinero casi gratis en Japón está llegando a su fin. Durante décadas, los inversores han obtenido préstamos en yenes a bajo coste. A continuación, han invertido ese dinero en:
Bonos del Tesoro de Estados Unidos. Acciones. Inmobiliario. Criptomonedas. Y los mercados de todo el mundo.
Ahora, los préstamos en yenes se están encareciendo. Y los bonos japoneses por fin ofrecen rendimientos significativos en el propio país. Esto genera un riesgo enorme: el capital japonés ya no necesita permanecer en el extranjero. Si ese dinero empieza a regresar a Japón, el "carry trade" global comenzará a desmoronarse. Se venderán los activos extranjeros. Los rendimientos de los bonos subirán. La liquidez abandonará los mercados de riesgo. Y la volatilidad se extenderá por todas partes. Japón ya está mostrando signos de pánico.
El gobierno gastó la cifra récord de 6,28 billones de yenes en defender el yen en un solo día de abril. Es posible que a finales de julio se produjera otra intervención por un valor estimado de 95.500 millones de dólares. Sin embargo, el yen siguió desplomándose hasta situarse en 164 yenes por dólar antes de recuperarse. La intervención sirve para ganar tiempo, pero no resuelve el problema subyacente. Y ahora Japón se encuentra atrapado entre dos decisiones opuestas: subir los tipos de interés para defender el yen o comprar más bonos para evitar que suban los rendimientos.
La primera ministra Sanae Takaichi ya ha instado al Banco de Japón a aumentar las compras de bonos cuando sea necesario. Sin embargo, un mayor volumen de compras de bonos debilita el yen. Por otra parte, el aumento de los tipos de interés incrementa el coste del servicio de la enorme deuda de Japón.
Resuelve un problema. Y empeora el otro.
El lunes 10 de agosto no provocará automáticamente un colapso de los mercados mundiales. Pero pondrá de manifiesto hasta qué punto se ha agravado la carga de la deuda de Japón, en un momento en que los costes de financiación alcanzan máximos de varias décadas.
Ese es el verdadero riesgo.
Entonces, ¿nos espera otro "Lunes Negro"?
Quién sabe, pero sospecho que el analista Cory Swan podría estar en lo cierto cuando sugiere que Bessent y sus compinches nos están empujando hacia una hiperinflación seguida de la pérdida del estatus de moneda de reserva. De hecho, ahora parece casi inevitable. Échale un vistazo:
…Japón no puede seguir defendiendo su moneda para siempre sin vender bonos del Tesoro ni empujar al Banco de Japón a adoptar medidas aún más extremas. Estados Unidos acaba de demostrar que utilizará otras divisas y su propio balance para disimular la presión, ya que un colapso desordenado del yen amenaza todo el sistema del dólar. Ese camino conduce a una mayor impresión de dólares, más liquidez y más intentos de gestionar lo que no se puede gestionar. Cada una de esas medidas devalúa la moneda estadounidense, la unidad de cuenta con la que todavía se fijan los precios de casi todo (empieza en el segundo 53).
Pase lo que pase el lunes 10 de agosto, el rumbo del país ya lo han trazado el protegido de Soros en el Ministerio de Hacienda (Bessent) y sus estimados colegas del Banco Central. El dólar se debilitará, la economía se desplomará y el pueblo estadounidense sufrirá. Eso es algo seguro.
Este artículo fue publicado originalmente en Unz Review el 9 de agosto de 2026 y traducido para Misión Verdad por Spoiler.