Mié. 30 Septiembre 2026 Actualizado 11:18 am

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Para María Alejandra Rendón; "la resistencia táctica da prevalencia a las contradicciones del juego como posibles palancas". (Foto: Gregorio Teran /AVN )
Máximas de Lenin, para entender el contexto presente venezolano

¿Qué hacer?

En su obra máxima "¿Qué hacer?", Lenin dedica reflexiones profundas a la táctica política y critica con dureza el "oportunismo" y lo que él denominó el "seguidismo", que es la renuncia a la autonomía táctica tras plegarse, de manera espontánea, a un plan cuya estrategia se desconoce. Es decir, el desacierto más habitual que comete la movilización sin conciencia.

Quien lo practica ya es un esclavo de su comodidad porque su accionar es, por defecto, insustancial.

Estudiar la historia ayuda. En estos tiempos, cuando muchas personas se preguntan qué hacer, recuerdo haber leído en alguna parte que antes del nacimiento de las lenguas ya existía esta pregunta. Así, cuál ha sido la pregunta que más ha tenido lugar como motor de nuestra evolución.

Entonces, dado el complejo panorama global caracterizado por una crisis civilizatoria, una implosión paradigmática en todo sentido, un orden basado en reglas en fase agónica y un aceleracionismo amenazante —económica y ecológicamente— se hace necesario dar cabida a la pregunta más simple y útil que ha existido: ¿qué hacer?

Las frases y planteamientos más importantes de Lenin atacan descarnadamente la sumisión frente a la "espontaneidad", definida como "el temor a dar un paso adelante, el temor a romper con lo que ya es familiar y habitual... la táctica-proceso se reduce al seguidismo político". "¿Qué hacer?" es un tratado sobre la organización consciente, la sumatoria y construcción de bienes simbólicos.

En su obra, particularmente en textos claves de estrategia como "El izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo" (1920) y en sus debates sobre la firma del Tratado de Brest-Litovsk (1918), Lenin marca una línea de contraste fundamental entre hacer un compromiso táctico obligatorio y la traición. También deja claro que lo segundo ha servido de pivote para favorecer la división de un bloque que ha debido mantenerse relativamente homogéneo frente a un enemigo que lo supera en fuerza.

Asimismo pudiera darse el caso de que la táctica no fuera tal sino vicios, desviaciones profundas, falsa conciencia y seguidismo, quedando demostrado con ello que sin masa crítica consciente de su poder no hay salida posible ni táctica correcta. Porque el enemigo siempre buscará manera para maximizar su poder, el cual solo puede ser contrarrestado por una capacidad de acumulación de fuerza mucho mayor, protagonizada por la masa consciente.

La lógica del capital, por incorregible y autodestructiva que sea, ha encontrado en la división y en la manipulación su táctica más efectiva. Grandes procesos emancipatorios han sido sofocados a través de procesos de alienación sistémica.

Para Lenin, la táctica instituye el movimiento. Es el paso dado que debe ser siempre pensado y calculado, bien sea para avanzar o para retroceder. Ceder temporalmente ante una fuerza abrumadoramente superior no solo es razonable sino un deber revolucionario si tal decisión, por difícil que sea, sirve para preservar las fuerzas propias, mientras que capitular implica rendirse ideológicamente sin necesidad o por complicidad con el enemigo.

Lenin deja instalada esta premisa y la fundamenta con ejemplos como el del "asalto del bandido", el cual expone de la siguiente manera:

"Imaginaos que el automóvil de ustedes es detenido por unos bandidos armados. Ustedes les entregan el dinero, el pasaporte, el revólver y el automóvil. A cambio de esto, ustedes se ven libres de su agradable compañía. Se trata, sin duda, de un compromiso (compromis d'un besoin), de un pacto con los bandidos [...] Pero pregunto: ¿Se encontrará a un hombre que esté en su sano juicio y que califique este compromiso de 'inadmisible en principio' o que declare a quien lo ha suscrito cómplice de los bandidos?".

La cesión táctica, para Lenin, se traduce en compromiso legítimo: ocurre cuando las circunstancias obligan a ceder recursos, territorio o ventajas tácticas debido a una correlación de fuerzas desfavorable, siempre y cuando se mantenga intacto el objetivo final y cierto rango de independencia en las decisiones políticas.

La traición ocurre cuando un actor político pacta con el enemigo (los bandidos) no por necesidad de supervivencia sino, por ejemplo, debido a la necesidad de repartirse el botín. Y vaya que la historia también ha dejado ejemplos de este tipo.

En 1918, la joven Rusia soviética estaba exhausta y el ejército alemán avanzaba sin freno. En ese momento Lenin insistió en ceder enormes porciones de territorio a Alemania firmando la paz, contra facciones de su propio partido que preferían una "guerra revolucionaria" suicida. Lenin argumentó que ceder espacio servía para ganar tiempo —mientras esperaban la revolución en Europa—, y salvar el nuevo Estado de una destrucción total y devastadora. Para él, negarse a hacer esa cesión táctica era la acción típica de quien asume la estrategia como una fraseología hueca que conduce directamente a la destrucción.

En esencia, la máxima táctica de Lenin establece que es preferible hacer una retirada u otorgar una concesión material obligada antes que permitir una capitulación política y doctrinal que aniquile el movimiento. Esto se ve sintetizado en la siguiente afirmación:

"Toda la historia del bolchevismo, antes y después de la Revolución de Octubre, está llena de casos de maniobra, de acuerdos, de compromisos con otros partidos, ¡sin exceptuar los partidos burgueses!".

La situación política actual convive con los reajustes dentro de un marco de relaciones complejo en el cual negociar implica aceptar que no todos los actores lo hacen en igualdad de condicionesya que son muchísimos los elementos de orden político-militar, económico y geopolítico los que demarcan los márgenes de acción para cada cual.

Hay potencias emergentes cuyo avance respecto al hegemón persigue obligatoriamente conquistar la "fase de destrucción mutua", es decir, su desarrollo va de la mano con el desarrollo e innovación en la industria militar que permitan proteger lo conquistado y asegurar más.

Ese es el caso de China, un socio estratégico con el que el hegemón sostiene un juego de tanteo, artimañas de provocación con fricciones superables por vías diplomáticas —por los momentos y que no ponen en peligro las relaciones— porque, aun siendo China víctima de medidas unilaterales sancionatorias asociadas con aranceles, lo que se desarrolla en el terreno real es una interdependencia económica bilateral sólidamente estructurada durante años.

Otra manera de entenderlo es que no todos juegan con las mismas cartas y en el desarrollo del juego pueden alterarse las reglas a criterio de quien tiene la capacidad de imponerlas por la fuerza, por lo que en el escenario ideal se trataría solo de tener la razón y buena fe, y preservarlas a toda costa; pero en el escenario convergente se trata de manejar la fricción a distintos niveles haciendo movimientos tácticos con los incentivos de negociación existente. Lo estratégico sería mantener la permanencia en el juego porque es la única situación provista de potencialidad táctica.

Cuando se habla de la resistencia desde la política implica reconocer que las cartas están marcadas, el árbitro comprado o el marcador alterado. Mientras el reformismo confía en la utopía de la concordia liberal, la resistencia táctica da prevalencia a las contradicciones del juego como posibles palancas.

Debido a todo ello podría decirse que estamos en una época cuando la táctica se convirtió en un ciencia matemática aplicada sobre un tablero de juego. Algo que, guste o no, habla más de cálculos que de apasionamientos. Lo que equivale a decir que, según la teoría del juego, no gana quien desee o quiera sino quien use el incentivo y logre materializar la táctica que disminuya la posibilidad de ser eliminado.

En palabras de Lenin: "Hay que aprovechar igualmente las menores posibilidades de obtener un aliado, aunque sea temporal, vacilante, inestable, poco seguro, condicional. El que no comprenda esto no comprende ni una palabra de marxismo ni de socialismo científico contemporáneo, en general".

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