Después del 3 de enero, María Corina Machado y Edmundo González Urrutia se autoproyectaron como los herederos naturales para asumir las riendas del gobierno luego del secuestro del presidente Nicolás Maduro, asumiendo que sería una entrega controlada.
Celebraron la violación de la soberanía nacional y llamaron a sus seguidores a estar vigilantes hasta que se "concrete la transición", y aseguró que Edmundo González Urrutia "debía asumir de inmediato" el poder en el país. "Llegó la hora de que la soberanía popular y la soberanía nacional rijan en nuestro país. Vamos a poner orden, liberar a los presos políticos, construir un país excepcional y traer a nuestros hijos de vuelta a casa", prometió la Nobel de la Paz, dijo en un comunicado.
Sin embargo, las relaciones entre Venezuela y Estados Unidos se han ido restableciendo sin que pasen por el tamiz del sector de la oposición que lidera María Corina Machado. Hasta el momento se han retomado las relaciones diplomáticas y comerciales. Washington mantiene interlocución directa con la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, quien se ha reunido con representantes norteamericanos de alto nivel en Caracas.
Pasaron los meses y la realidad no está acompañando el plan de la oposición extremista ni sus tiempos de ejecución. En agosto comenzará una ronda de diálogos con sectores donde este grupo no está incluido, básicamente por decisión estadounidense.
Ello a pesar de que, a finales de mayo, María Corina Machado, Edmundo González, la Plataforma Unitaria Democrática (PUD) y otros representantes de la oposición firmaron el Acuerdo de Panamá, una suerte de hoja de ruta para negociar con el gobierno venezolano con miras a avanzar hacia una elección presidencial.
De "liderar" la transición política a la nada
El documento incluyó la construcción de un "gran acuerdo nacional": "Expresamos nuestra determinación a impulsar una negociación política seria, firme y responsable con el régimen interino para restaurar la democracia en Venezuela con el acompañamiento del Gobierno de Estados Unidos", indica el texto.
De acuerdo con lo propuesto, las negociaciones serían lideradas por Machado "en su rol de conductora del proceso democrático del país", en articulación con la Plataforma Unitaria Democrática (PUD) y en consulta con las organizaciones de la sociedad venezolana.
Entre otras responsabilidades, iba a tener la tarea de designar el equipo negociador. La ocasión fue aprovechada para proyectarse como líder indiscutible y anunció que regresaría al país antes de que finalice 2026 y se postulará a la presidencia en las próximas elecciones.
El manifiesto planteó la construcción de un "Gran Acuerdo Nacional" en el que está convocado a participar una amplia diversidad de sectores de la sociedad venezolana, pero donde el chavismo no tiene un papel relevante. En el fondo, lo que ha prevalecido es la soberbia de intentar llegar al poder como sea, sin un plan concreto y en el tiempo que ellos decidan, incluso cuando eso signifique pasar por encima de las decisiones de sus aliados y entrar, como siempre, en un callejón sin salida donde la apuesta es todo o nada.
"Mantener un mensaje único, coherente y coordinado hacia el mundo, en estrecha alineación con los aliados democráticos", refiere uno de los puntos del acuerdo. Sin embargo, las últimas actuaciones van en detrimento de este principio y cada vez es más evidente el reclamo de sus seguidores por la falta de avances concretos hacia una transición política.
En una entrevista concedida recientemente a El País de España, Machado afirmó que ha habido cambio en el país, pero que no ha sido sustancial porque no ha ocurrido un cambio político. Proyecta que hay un escenario catastrófico que solo es posible por la vía electoral. Vale mencionar que la líder de Vente Venezuela ha insinuado en numerosas oportunidades que la transición política en el país depende de su protagonismo por derecho.
Sobre la opinión de Donald Trump de que los venezolanos están "really happy", dijo que hay una creciente angustia "de que esto se tarde demasiado, porque para mucha gente cada día es existencial. La manera de evitar que esto desemboque en un proceso desordenado es dar la seguridad de que por la vía electoral vamos a poder hacer valer la voluntad ciudadana".
Si bien Trump y el secretario de Estado Marco Rubio, posterior al secuestro de Maduro, plantearon un plan de tres fases para Venezuela que comprendía control petrolero, apertura de mercados y transición política, Washington se ha concentrado en la supervisión de la explotación y la comercialización del petróleo y no ha dado señales de que busque profundizar un vuelco político hacia otros derroteros más allá de lo presente.
Contrario a lo esperado por un sector de la oposición, Trump ha elogiado a la presidenta encargada Delcy Rodríguez y, por ahora, descarta el escenario electoral, lo que deja entrever en primer término que la transición política que tanto pregona Machado no es prioridad y no hay un liderazgo real que unifique al país en torno a esa idea.
En la entrevista con El País, le preguntaron cuándo regresaría a Venezuela. "En Madrid anunció el regreso en semanas. Dijo lo mismo hace ya dos meses. ¿Cuándo? ¿Mayo, junio, julio?", insistió el periodista. Luego de exponer su agenda, que incluía encuentros con mandatarios y supuestos acreedores e inversionistas, admitió que la posición de Estados Unidos y otros aliados pesa sobre su decisión de volver.
El 30 de junio, un reportaje del New York Times (NYT) titulado "EE.UU. obstaculiza el regreso de María Corina Machado a Venezuela", señala que "el gobierno de Trump ha rechazado varias veces sus peticiones y le ha hecho saber a la dirigente opositora que se ha convertido en una distracción", y agrega que "ni siquiera el gesto inédito de Machado de regalarle a Trump su medalla del Nobel —a pesar de la oposición del comité del premio— ha sido suficiente para convencerlo". De modo que ha quedado explícito que ella no se gobierna sola.
Ruptura irreconciliable
NYT argumenta que la ruptura de la antigua alianza de Machado con el gobierno de Estados Unidos se produjo tras meses de tensiones crecientes sobre cómo debería gobernarse Venezuela tras la salida de Maduro. Recoge de algunos funcionarios que ahora no está claro si la líder de Vente Venezuela podrá enmendar su relación con el gobierno de Trump.
La que en algún momento fue una protegida y elogiada por la clase dirigente republicana de Washington, lo que contribuyó a su proyección a nivel nacional e internacional, ahora es vista como un elemento desestabilizador para las relaciones de interés entre Estados Unidos y Venezuela.
Las dudas de Trump sobre las capacidades de María Corina Machado para asumir el gobierno en Venezuela no son nuevas: surgieron el 3 de enero cuando afirmó que no estaba en la mejor posición para garantizar la gobernabilidad.
Cuando le preguntaron si se sentaría a negociar directamente con las autoridades venezolanas, dijo que todo dependía de los términos de esa reunión. "Hemos ofrecido, pública y privadamente, nuestra disposición a avanzar en una transición negociada. Lo que no vamos a aceptar es una nueva farsa", dijo.
Esto revela que Machado opera desde una posición de poder que realmente no tiene. En su imaginario no hay capacidad para dialogar, incluso cuando a siete meses del secuestro del presidente Maduro el país sigue funcionando con relativa normalidad (bajo el nuevo contexto del doblete sísmico en junio) bajo la administración de la presidenta encargada. Se aferra solo al hecho de que obtuvo una victoria holgada en las primarias opositoras de 2023 sin entender que las actuales circunstancias demandan el diálogo y el consenso nacional.
Su mediocridad política queda en evidencia cuando ejerce presión sobre el gobierno estadounidense para que adelante la transición política sin tomar en cuenta que, para que eso ocurra, primero deben cumplirse las mentadas "estabilización" y "recuperación", es decir, las presuntas fases establecidas por Trump y Rubio para lograr el cambio de régimen en Venezuela. Washington entiende que el poder real en el territorio lo tiene el chavismo y, por tanto, el reclamo de Machado es infantil e inmediatista.
Desplazada como figura de la transición política
Recientemente, Estados Unidos impulsó otra figura opositora distinta a María Corina Machado para una nueva ronda de diálogo y negociación en Venezuela. Se trata de Dinorah Figuera, legisladora y presidenta de la Asamblea Nacional opositora electa en 2015, que regresó al país y ya se ha reunido con el gobierno para acordar una agenda de trabajo.
Figuera dijo que asume la tarea por invitación del Departamento de Estado de Estados Unidos "para asumir los desafíos que van a dirimir las diferencias", lo que sin duda desplaza el protagonismo de María Corina Machado como principal figura de la oposición.
Después de unos días de silencio, Machado reapareció en redes sociales para confirmar que no participará en las reuniones impulsadas por la administración Trump entre el bloque opositor y los representantes del chavismo.
Mensaje de María Corina Machado y Edmundo González a los venezolanos y la comunidad internacional pic.twitter.com/FL9Cvaw4BA
— María Corina Machado (@MariaCorinaYA) July 26, 2026
Lanzó un comunicado también firmado por Edmundo González en el que se asumen como "expresión de la Soberanía Popular manifestada con votos en las primarias del 22 de octubre de 2023 y en las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024", y reitera que todos los problemas del país se resuelven con un cambio de gobierno.
Con la incorporación de la representante de la Asamblea Nacional de 2015, Machado y Edmundo González quedan excluidos del circuito Trump-Rubio en las negociaciones que podrían derivar en una supuesta transición política en Venezuela, y el anuncio de que se apartan de dicho diálogo los termina de alejar de un proceso que siempre proyectaron liderar.
La decisión de nombrar a otra figura distinta a María Corina Machado se fue macerando por sus torpes acciones. Presionar a la Casa Blanca para que adelante elecciones; proyectarse como una figura extremista de cambio político, pasando incluso por encima de los intereses de Washington; mostrar simpatía por algunas figuras del Partido Demócrata como Chuck Schumer, líder de la mayoría del Senado desde 2021 y enemigo político de Trump; entre otras acciones, fueron construyendo de nula capacidad para asumir el poder político en Venezuela, o siquiera participar en un proceso de apertura política.