La reanudación de las hostilidades de Estados Unidos contra Irán en las dos últimas semanas, con el restablecimiento del bloqueo naval en el estrecho de Ormuz, ha golpeado un mercado energético ya frágil. Este nuevo shock no solo ha elevado los precios del crudo sino que ha exacerbado cambios multiformes en el sistema global de refinación.
La interrupción de los flujos de petróleo se combina con un contexto de drástica caída de la producción en refinerías rusas por ataques ucranianos y un desplome récord de las importaciones chinas, lo que crea un escenario de márgenes de refinación sin precedentes y un colapso de inventarios.
ASIA OCCIDENTAL SUMIDA EN INESTABILIDAD
El estrecho de Ormuz, por donde transita aproximadamente una quinta parte del petróleo consumido mundialmente, se ha consolidado como el principal punto de estrangulamiento geoenergético. Tras el colapso del alto al fuego de junio, los ataques a buques comerciales reactivaron la prima de riesgo, aunque los precios del crudo se mantuvieron contenidos gracias al exceso de oferta de la OPEP+ y los descuentos de Saudi Aramco.
Sin embargo, el verdadero cuello de botella ya no es el crudo sino la capacidad de refinación. A escala regional, la infraestructura de refinación del golfo sufrió daños significativos; complejos en Bahréin, Kuwait, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos enfrentaron paralizaciones, hecho que obligó a Riad a considerar la expansión de su oleoducto Este-Oeste hacia el mar Rojo para bypassar Ormuz.
Al menos 50 plantas en el golfo Pérsico esperan reiniciar operaciones, pero este proceso no es inmediato: los buques actualmente en la zona deben deshacerse de su carga, nuevos petroleros deben entrar a vaciar los tanques de almacenamiento —que están todos llenos— y solo entonces los equipos de fabricación pueden decidir si es seguro reiniciar.
La reiniciada es una operación peligrosa debido a que cualquier fuga puede provocar explosiones, como ocurrió hace semanas en Ras Laffan, Catar. Además, algunas plantas han sufrido daños por los bombardeos y requerirán meses o años para repararse, dado que el tiempo de espera promedio para un compresor de gas industrial es de 12 a 18 meses, y el plazo actual para equipos industriales pesados oscila entre dos y cuatro años.
El impacto global se manifiesta en una paradoja: mientras el crudo ha retrocedido respecto a su pico de 126 dólares alcanzado en abril, los productos refinados mantienen precios elevados. Esto ocurre porque el mercado de crudo trabaja a través de un excedente temporal creado por la liberación de barriles almacenados, mientras que el mercado de combustibles sigue recuperándose de meses de inventarios agotados y paradas de refinería. El spread de refinación 3-2-1 estadounidense —medida clave de la rentabilidad refinadora— superó recientemente los 60 dólares por barril, el nivel más alto registrado.
Globalmente, aunque los mercados evitaron una crisis de 1 billón de dólares gracias a las reservas y rutas alternativas limitadas, la incertidumbre logística ha disparado las primas de seguros marítimos y reconfigurado las rutas de suministro. Esto evidencia que la seguridad energética depende ahora de la resiliencia refinadora, no solo del acceso al crudo.
RUSIA ES PARTE DE LA CRISIS INTERNACIONAL
En paralelo al conflicto en el golfo, Rusia enfrenta una crisis de refinación sin precedentes debido a los ataques con drones ejecutados por Ucrania, que Moscú califica como actos terroristas. La producción de las refinerías rusas cayó a su nivel más bajo en 21 años, al procesar apenas 3,8 millones de barriles diarios, mientras se reporta que, en los últimos 100 días, Kiev ha ejecutado alrededor de 50 ataques que han afectado al menos 24 de las 34 grandes refinerías del país.
Esta ofensiva ha dejado fuera de servicio, de manera coyuntural, aproximadamente 58% de la capacidad de refinación rusa, lo cual ha generado una preocupante escasez interna de combustible. Las regiones rusas enfrentan restricciones de venta y racionamiento, lo que obliga a Moscú a limitar las exportaciones de gasolina y diésel e, incluso, a importar combustible aeronáutico, situación que ha invertido su histórico rol de exportador neto.
Rusia es el segundo mayor exportador mundial de diésel, con aproximadamente 12% del volumen total, y el principal exportador de fueloil, con cerca de 16% del mercado. Sus exportaciones actuales de diésel y fueloil han caído aproximadamente dos tercios, números que contribuyen a una tensión persistente en el mercado internacional de destilados. Europa, históricamente dependiente del diésel ruso, ahora compite desesperadamente por reemplazo de barriles de India, Asia occidental y la costa del golfo de México.
Las reparaciones de los complejos industriales dañados se han visto retrasadas por la falta de componentes tecnológicos de procedencia occidental debido al régimen de sanciones internacionales vigente. Esta contracción elimina un pilar fundamental del suministro global de derivados y exacerba la tensión en los mercados internacionales.
CHINA MITIGA SU VULNERABILIDAD
China, tradicionalmente el mayor importador mundial de crudo, ha registrado una contracción histórica en sus compras. Sus importaciones de junio cayeron 41,3% interanual al alvanzar 7,12 millones de barriles diarios, el nivel más bajo en casi una década. Esta reducción se debe a la más débil demanda interna (a modo de protección de la volatilidad en Ormuz), las restricciones a la exportación de productos refinados para salvaguardar la seguridad energética durante la guerra y el uso de sus reservas estratégicas.
No obstante, el sistema de refinación chino, particularmente las refinerías independientes o "teteras", ha mantenido una influencia crucial en el comercio energético iraní, procesando crudo sancionado que sostiene la economía de Teherán.
Las refinerías chinas han jugado un papel dual en la crisis. Por un lado, su reducción de corridas —hasta 3 millones de barriles diarios, según JPMorgan— ha disminuido la demanda de crudo importado. Por otro lado, China ha mantenido cuotas de exportación sobre productos refinados, con lo cual ha restringido aun más la disponibilidad global de combustibles.
Según algunas estimaciones, incluso si el estrecho de Ormuz se reabriera, las refinerías chinas no volverían inmediatamente a su plena utilización; un camino más realista implicaría primero confirmar volúmenes estables de flujo, luego relajar completamente las cuotas de exportación y, finalmente, aumentar las tasas de utilización, proceso que difícilmente se completará antes de septiembre.
A pesar de la caída general de importaciones, la flexibilización de las cuotas de exportación de combustible en julio sugiere que las refinerías chinas están ajustando su operatividad para maximizar márgenes, absorbiendo crudo con descuento de Irán y Rusia mientras el Estado restringe las exportaciones de diésel para priorizar el mercado doméstico.
REFINERÍAS, GANANCIAS, INVENTARIOS Y PRECIOS AL CONSUMIDOR
La desconexión entre los precios del crudo y los productos refinados ha generado un entorno de ganancias extraordinarias para el sistema refinador estadounidense y global. Los márgenes de refinación de gasolina en Estados Unidos se dispararon más de 60% desde principios de junio, superando los 56 dólares por barril y acercándose a los máximos de la crisis energética de 2022.
Este windfall —o ganancia inesperada— se debe a que el crudo ha retrocedido a niveles previos al conflicto, mientras que la gasolina, el diésel y el combustible de aviación permanecen escasos y costosos. La dinámica se ve agravada por la caída de los inventarios dado que las existencias de gasolina en Estados Unidos alcanzaron sus niveles más bajos para principios de julio desde 2021, y los inventarios de productos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) se mantienen por debajo de los promedios históricos.
Distintos análisis advierten que esta bonanza podría ser efímera si se restablece la cadena de suministro, pero la realidad actual es que los refinadores están capitalizando un mercado estructuralmente fracturado, donde la escasez de capacidad de procesamiento, exacerbada por los ataques en Rusia y Asia Occidental, les otorga un poder de fijación de precios sin precedentes.
En Estados Unidos, tras un breve periodo de alivio en junio, el promedio nacional del galón de gasolina regular volvió a superar la barrera psicológica de los 4 dólares y se situó en 4,003 dólares. Por su parte, el diésel ha escalado notablemente hasta superar los 5 dólares por galón —5,11 dólares en promedio—.
El difícil contexto de los precios de combustibles a escala internacional tiene muchas causas e impone varias aristas. Aunque Estados Unidos está monetizando beneficios por su posición de ventaja como proveedor de derivados, una cosa son los beneficios favorables a sus empresas y otra es el impacto sobre los ciudadanos.
Sobre la economía cotidiana estadounidense se ha materializado un ciclo de inestabilidad que ha acrecentado los factores de volatilidad, inflación e incertidumbre.
El mandatario estadounidense Donald Trump insiste ante los micrófonos en que ha "derrotado a Irán", tal como lo ha afirmado incontables veces. Pero para los ciudadanos de ese país esa "victoria" no es percibida en los surtidores de combustibles, ni en los precios de muchos productos.