Mié. 13 Mayo 2026 Actualizado 4:51 pm

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Las rutas marítimas del Golfo Pérsico forman parte de la disputa global por el control energético (Foto: AP)
En busca de mayor control

Petrogasdólar: sanciones, guerras y dominación energética de EE.UU.

La reconfiguración del mapa energético global ocupa hoy un lugar central dentro de las disputas geopolíticas contemporáneas. Guerras, sanciones económicas, bloqueos marítimos y tensiones comerciales forman parte de un escenario en el que el control sobre el petróleo y el gas tienen una dimensión estratégica. Ese es el eje del artículo “Cómo Estados Unidos llevó a cabo un robo a mano armada del suministro energético mundial y creó el petrogasdólar”, publicado por el periodista e investigador Richard Medhurst el 1 de mayo de 2026.

A lo largo del texto, Medhurst sostiene que Washington ha impulsado durante los últimos años una estrategia orientada a consolidar el control sobre el mercado global de petróleo y gas, utilizando para ello mecanismos de presión política, operaciones militares y sanciones económicas dirigidas contra competidores energéticos y actores asociados al bloque multipolar.

Del petrodólar al petrogasdólar

Estados Unidos ha transformado su estrategia de dominación energética global alrededor del gas natural licuado y del control de las rutas marítimas de suministro. Bajo esa interpretación, la guerra en Ucrania y la posterior reconfiguración del mercado energético europeo marcaron un punto de inflexión para Washington.

El cambio de escenario energético alteró incluso la relación histórica entre Estados Unidos y las crisis petroleras. Durante décadas, los altos precios del petróleo representaban un problema para la economía estadounidense debido a su dependencia de importaciones energéticas. Esa lógica cambió tras la expansión de la producción estadounidense de petróleo, gas y derivados refinados. Dice Medhurst:

“Hoy en día, son los mayores productores mundiales de petróleo, gas y productos refinados, y el principal exportador mundial de gas natural licuado (GNL)”.

A partir de ahí, el artículo plantea que el encarecimiento global de la energía comenzó a beneficiar directamente a Wall Street y a las corporaciones energéticas estadounidenses. Washington dejó de percibir las crisis energéticas como amenazas y empezó a convertirlas en espacios de rentabilidad y reposicionamiento geopolítico.

Las sanciones contra Rusia y la destrucción de los gasoductos Nord Stream permitieron desplazar el suministro ruso hacia Europa y abrir espacio para el gas natural licuado estadounidense, siendo un cambio estructural. “Estados Unidos pasó de suministrar solo el 9% de la energía de Europa a ser la principal fuente europea de carbón, petróleo y GNL”, señala el periodista.

El texto también interpreta las declaraciones realizadas en distintos momentos por figuras como Joe Biden o Condoleezza Rice sobre la “dependencia energética” europea como parte de una política deliberada orientada a consolidar un mercado cautivo para el gas estadounidense. Bajo esa lectura, la eliminación del Nord Stream habría tenido un objetivo económico y estratégico de largo plazo.

“Al sancionar a Moscú y destruir los gasoductos Nord Stream, Estados Unidos no solo perjudicó a Rusia, sino que convirtió a Europa en un cliente permanente estadounidense”.

Otro aspecto relevante es la idea de que Washington no necesitaba ampliar rápidamente su infraestructura energética para consolidar esa posición dominante. Medhurst sostiene que la estrategia consistió en reducir la capacidad operativa de sus competidores directos dentro del mercado global de GNL.

En ese contexto, el artículo ubica los acontecimientos relacionados con Qatar y Australia dentro de una misma secuencia geopolítica. La interrupción parcial de las capacidades de exportación de ambos países terminó elevando los precios internacionales del gas y fortaleciendo la posición estadounidense dentro del mercado energético mundial.

La guerra energética contra los competidores

La investigación describe una secuencia de acontecimientos que responde a una ofensiva orientada a desplazar a los principales competidores energéticos de Estados Unidos. Rusia, Qatar e Irán se ubican dentro de un mismo escenario de presión vinculado al control del mercado global de gas natural licuado y de las rutas de suministro hacia Europa y Asia.

La situación de Qatar durante la guerra contra Irán lo ejemplifica bien. La paralización parcial de las operaciones en Ras Laffan alteró de forma inmediata el equilibrio del mercado internacional de GNL. Medhurst señala que “Washington eliminó el yacimiento de gas más grande del mundo, paralizando a Irán y marginando a Qatar de un solo golpe”.

Qatar se vio obligado a suspender contratos energéticos de largo plazo con varios compradores internacionales, situación que terminó redirigiendo parte de la demanda hacia el gas estadounidense. La consecuencia inmediata fue un incremento de precios concentrado principalmente en Europa y Asia.

“En el lapso de tan solo 9 días, Estados Unidos vio cómo sus dos mayores competidores salían del mercado”, dice Medhurst.

Esos acontecimientos se conectan con decisiones adoptadas por la Unión Europea respecto al gas ruso. Medhurst recuerda que el mismo día en que Qatar retiró parte de su capacidad exportadora, Bruselas avanzó en nuevas restricciones contra compras de gas ruso al contado. La simultaneidad de ambos procesos terminó favoreciendo directamente a los exportadores estadounidenses de GNL.

La cuenca levantina ocupa otro eje importante dentro del análisis. Estados Unidos e Israel avanzaron en una reorganización energética del Mediterráneo oriental vinculada a los yacimientos ubicados frente a Siria, Palestina y Líbano. El texto interpreta el desarrollo del corredor EastMed-Poseidon como un reemplazo geopolítico del Nord Stream.

“Washington había construido una verdadera arteria estadounidense que se extendía desde el Levante hasta Chipre y Grecia”.

El artículo dedica especial atención al papel de Chevron dentro de esa reconfiguración regional, mencionando acuerdos gasíferos firmados con Israel, Grecia y Chipre, además de movimientos posteriores sobre infraestructura energética siria. La investigación sostiene que esas operaciones forman parte de una misma estrategia de consolidación corporativa y control territorial sobre reservas de gas en el Mediterráneo.

“El corredor de gas del norte procedente de Rusia había quedado inoperativo, y en su lugar se construyó uno nuevo, casi perfectamente simétrico”, dice el periodista.

La situación de Gaza también aparece integrada dentro de esa lectura geopolítica. “Esta guerra nunca tuvo que ver con rehenes ni con Hamás, sino con el saqueo de los recursos de Gaza”, expone Medhurst, vinculandonel control sobre la cuenca levantina con proyectos energéticos asociados a plataformas de gas marítimo y cuestionando el rol desempeñado por organismos impulsados tras el alto al fuego. La explotación futura de esos recursos constituye uno de los factores estructurales detrás del conflicto.

El objetivo de estas operaciones no se limita al mercado europeo. “El verdadero objetivo es China”, dice. Washington intenta condicionar el acceso energético de Pekín mediante presión sobre proveedores estratégicos y control sobre corredores marítimos.

Venezuela, China y la disputa por las reservas estratégicas

En esta disputa energética de alcance global, Venezuela se encuentra vinculada directamente con China y con la reconfiguración del mercado petrolero internacional. Washington busca limitar el acceso chino a proveedores considerados estratégicos, entre ellos Venezuela, Rusia e Irán.

Medhurst recuerda que “China obtiene alrededor de un tercio de su petróleo de Venezuela, Rusia e Irán en conjunto". Por lo tanto, la presión sobre esos países responde a una estrategia orientada a restringir márgenes de maniobra para Pekín dentro del sistema energético global.

"Al cortar las fuentes de combustible más vitales de Pekín, Estados Unidos pretende forzar una dependencia total de la energía estadounidense”, agrega.

En el caso venezolano, la investigación menciona la secuencia de operaciones militares, financieras y marítimas iniciadas en el segundo semestre del 2026 con el despliegue de buques estadounidenses en el Caribe bajo el argumento de supuestas operaciones antidrogas. Esa presencia naval terminó funcionando como un mecanismo de control sobre la salida de petróleo venezolano.

La operación avanzó posteriormente hacia un esquema de control más directo sobre el comercio petrolero venezolano. Medhurst señala que la marina estadounidense pasó a decidir qué embarcaciones podían entrar o salir de las costas venezolanas y vincula esa situación con los intereses de Chevron sobre las reservas petroleras del país.

“Esta adquisición logró dos objetivos cruciales para el Estado Pirata: primero, cortó de inmediato el acceso de China a un socio energético vital”. Lo segundo que consiguió fue garantizar una reserva petrolera bajo control estadounidense en medio de la escalada contra Rusia e Irán.

El texto también desarrolla la situación rusa. Estados Unidos y la OTAN incrementaron operaciones contra rutas marítimas utilizadas por Moscú para exportar petróleo hacia Asia. El artículo menciona ataques contra buques, refinerías y centros de exportación durante los primeros meses de 2026. “Estamos presenciando una guerra física por la energía”.

Las acciones sobre infraestructura rusa coincidieron con la consolidación de mecanismos de presión sobre Irán. Washington busca dificultar la capacidad de Teherán para sostener exportaciones hacia China en medio de la guerra y de los ataques sobre infraestructura energética y marítima.

El artículo cita cifras oficiales chinas para sostener que las importaciones de gas natural registraron una caída significativa durante los primeros meses de 2026. Ese descenso refleja el impacto acumulado de sanciones, bloqueos y conflictos sobre los principales proveedores energéticos de Pekín.

La presión sobre Venezuela, Rusia e Irán también apunta a debilitar iniciativas económicas impulsadas por los BRICS y por la Franja y la Ruta china. El control energético se ha convertido en un instrumento central dentro de la disputa por el orden internacional. “Esto le proporciona la influencia necesaria para garantizar la supervivencia del dólar, al tiempo que debilita a los BRICS”.

El Estado pirata y la nueva arquitectura del control global

La parte final del artículo de Richard Medhurst desarrolla una tesis más amplia sobre la transformación del poder estadounidense en el escenario internacional: Washington ha dejado atrás mecanismos tradicionales de hegemonía económica y avanza hacia formas más directas de coerción vinculadas al control marítimo, energético y financiero.

“Estamos presenciando la transición de Estados Unidos de un imperio a un Estado pirata sin ley”. Medhurst utiliza el concepto de “Estado pirata” para describir un esquema basado en bloqueos navales, sanciones extraterritoriales y control corporativo sobre cadenas de suministro estratégicas. La política energética estadounidense ya no depende únicamente de mercados o acuerdos comerciales, sino de la capacidad militar para garantizar rutas, restringir competidores y administrar flujos globales de petróleo y gas.

Allí entra el fortalecimiento de la infraestructura marítima estadounidense. Medhurst analiza el llamado Plan de Acción Marítima (MAP), publicado por la Casa Blanca en 2026, como parte de un proyecto orientado a convertir el transporte energético y comercial en un espacio dominado por flotas estadounidenses.

El MAP obliga progresivamente a utilizar embarcaciones construidas en Estados Unidos para transportar carga estratégica, incluidos hidrocarburos y gas natural licuado. Ese modelo busca consolidar una red de dependencia logística alrededor del comercio energético internacional.

La investigación también examina la relación entre corporaciones energéticas, aparato militar y poder financiero. Chevron aparece constantemente vinculada a operaciones sobre yacimientos de gas y petróleo en distintas regiones, mientras la marina estadounidense asegura corredores marítimos y áreas de extracción. Esa articulación constituye una nueva fase del poder estadounidense sobre los recursos globales. “Todo lo que vemos hoy es el resultado de décadas de planificación entre Washington y Wall Street”, dice Medhurst.

Esta estrategia tiene conexión con documentos desarrollados desde comienzos de los años 2000 dentro de la administración Bush. Medhurst recuerda las reuniones impulsadas por Dick Cheney con grandes corporaciones energéticas y cita fragmentos de la Política Energética Nacional de 2001 para sostener que el control sobre las reservas del hemisferio occidental, especialmente las venezolanas, llevaba décadas formando parte de los objetivos estratégicos de Washington.

El texto interpreta la Doctrina "Donroe” como una política orientada a trasladar el centro del corredor energético mundial hacia el hemisferio occidental bajo liderazgo estadounidense. En ésta, las guerras recientes, las sanciones y los bloqueos marítimos responden a una misma lógica de reorganización del sistema energético internacional.

“El petrodólar ya no existe. Ha sido reemplazado discretamente por un sucesor mucho más letal: el petrogasdólar”, sentencia Medhurst. Los conflictos desarrollados en Europa oriental, Medio Oriente o América Latina forman parte de una misma disputa por el suministro energético global y por la capacidad de sostener la centralidad financiera del dólar en un contexto de transición geopolítica.

— Somos un grupo de investigadores independientes dedicados a analizar el proceso de guerra contra Venezuela y sus implicaciones globales. Desde el principio nuestro contenido ha sido de libre uso. Dependemos de donaciones y colaboraciones para sostener este proyecto, si deseas contribuir con Misión Verdad puedes hacerlo aquí<