Jue. 12 Marzo 2026 Actualizado 12:54 pm

photo_5012684377758042996_w.jpg

"Las guerras pueden librarse eternamente" afirmó Trump en Truth Social, argumentando que EE.UU. dispone de armamento "casi ilimitado" (Foto: Archivo)

La guerra con Irán mide la capacidad militar de EE.UU.

Las recientes declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sobre la capacidad de su país para sostener guerras durante largos periodos han reabierto el debate sobre el alcance real del poder militar estadounidense en un conflicto prolongado con Irán. El mandatario ha afirmado que las fuerzas armadas estadounidenses cuentan con armamento "casi ilimitado", una caracterización que busca proyectar la idea de una superioridad material capaz de sostener operaciones militares indefinidamente.

Sin embargo, análisis recientes han matizado esa percepción al señalar que, aunque Estados Unidos posee el mayor presupuesto militar del mundo y un complejo industrial de defensa de enorme capacidad productiva, ciertas dimensiones del conflicto podrían exponer limitaciones logísticas y operativas si la guerra se prolonga.

Al mismo tiempo, la escala financiera y tecnológica del aparato militar estadounidense sigue siendo determinante. Con un gasto militar cercano al billón de dólares en 2025 y planes de expansión presupuestaria para los próximos años, Estados Unidos mantiene una capacidad de producción y despliegue militar muy superior a la de la mayoría de sus adversarios potenciales.

En ese contexto, el enfrentamiento entre Washington y Teherán plantea una dinámica compleja en la que Estados Unidos dispone de recursos financieros y tecnológicos para sostener una guerra de gran escala, e Irán ha desarrollado una estrategia militar basada en sistemas relativamente baratos y abundantes que pueden forzar un conflicto prolongado basado en el desgaste material. El equilibrio entre estas dos dimensiones —la superioridad industrial estadounidense y la capacidad de resistencia iraní— es uno de los factores centrales para entender la evolución del conflicto.

El poder financiero y el complejo industrial militar de Estados Unidos

Una de las principales fortalezas estratégicas de Estados Unidos en un conflicto prolongado reside en su capacidad financiera y en la magnitud de su complejo industrial militar. Washington es el mayor inversor en defensa del mundo: en 2025 su gasto militar se acerca al billón de dólares, una cifra que supera el presupuesto combinado de los siguientes nueve países con mayor inversión militar. La administración de Donald Trump ha planteado además elevar ese gasto hasta 1,5 billones de dólares para 2027, lo que ampliaría aún más la brecha frente a otras potencias.

Ese volumen de recursos se articula a través de una extensa red de contratistas de defensa que forman el núcleo del aparato industrial militar estadounidense. Entre las principales empresas se encuentran Lockheed Martin, RTX (antes Raytheon), Boeing, Northrop Grumman y General Dynamics, compañías que concentran contratos multimillonarios con el Departamento de Defensa y que participan en el desarrollo de sistemas clave en la guerra actual. Tras el inicio de las operaciones contra Irán, varias de estas empresas registraron alzas en el valor de sus acciones, reflejando el aumento de la demanda de armamento y la ampliación de las carteras de pedidos del sector.

El presidente Trump sostuvo una reunión en la Casa Blanca con los directores ejecutivos de las principales empresas de defensa del país para acelerar la producción y cuadruplicar el ritmo de fabricación de ciertos sistemas considerados estratégicos. El objetivo es ampliar la disponibilidad de armamento de alta tecnología y garantizar la capacidad de sostener operaciones prolongadas.

La maquinaria militar desplegada en el conflicto refleja esa capacidad industrial y tecnológica. Estados Unidos ha utilizado bombarderos estratégicos B-1 y bombarderos furtivos B-2, además de cazas avanzados F-35 Lightning II, F-22 Raptor y F-15, para atacar infraestructuras militares iraníes. En el ámbito de los misiles, se han empleado misiles de crucero Tomahawk lanzados desde buques de guerra, así como sistemas de artillería de alta precisión HIMARS equipados con misiles PrSM de alcance extendido.

En el plano defensivo, Washington ha desplegado sistemas de defensa aérea Patriot y THAAD para interceptar posibles ataques de represalia, mientras que drones como el MQ-9 Reaper se utilizan para vigilancia y ataques selectivos. Este conjunto de plataformas aéreas, navales y de misiles forma parte de una infraestructura militar global respaldada por décadas de inversión y por la capacidad productiva de las mayores empresas de defensa del mundo.

Más información sobre el papel de estas compañías y los sistemas utilizados en el conflicto puede consultarse en el análisis publicado por Al Jazeera.

En conjunto, estos factores muestran que Estados Unidos dispone de recursos financieros, industriales y tecnológicos suficientes para sostener operaciones militares de gran escala durante periodos prolongados, un elemento que continúa siendo una de las bases estructurales de su poder militar.

la capacidad de resistencia iraní

A pesar de la superioridad financiera y tecnológica de Estados Unidos, algunos análisis advierten que un conflicto prolongado con Irán podría adquirir una dinámica en la que los costos relativos de los sistemas de armas y la disponibilidad de municiones comienzan a tener un peso estratégico creciente. Un informe citado por Military Times señala que el uso intensivo de interceptores de misiles para neutralizar ataques iraníes podría tensionar los inventarios de ciertos sistemas avanzados de defensa aérea.

Según ese análisis, Estados Unidos dispone de 414 interceptores SM-3 y 534 interceptores THAAD, dos de los sistemas más avanzados utilizados para interceptar misiles balísticos. Aunque estos sistemas representan una de las principales ventajas tecnológicas del arsenal estadounidense, su reposición no es inmediata. A diferencia de otros tipos de municiones, los interceptores más sofisticados requieren largos ciclos de producción industrial, lo que limita la rapidez con la que pueden reemplazarse en caso de consumo intensivo durante una campaña militar prolongada.

Kelly Grieco, especialista en política de defensa del Centro Stimson, advirtió que estos sistemas no pueden reponerse con rapidez en medio de un conflicto. "No se puede reemplazar ese tipo de misiles de la noche a la mañana. Tomaría años", explicó la experta al referirse a la capacidad de reposición de los interceptores más avanzados.

El problema se vuelve más visible cuando se comparan los costos de los sistemas empleados por cada lado. Un interceptor Patriot puede costar cerca de 4 millones de dólares, mientras que un dron iraní tipo Shahed tiene un precio aproximado de 35 mil dólares. Esta diferencia introduce una lógica asimétrica en el enfrentamiento: Irán puede lanzar proyectiles relativamente baratos y abundantes, mientras que Estados Unidos debe emplear interceptores mucho más costosos para neutralizarlos y proteger sus bases o aliados.

En ese escenario, una guerra prolongada podría obligar al Pentágono a priorizar qué ataques interceptar y cuáles no, una decisión que implicaría gestionar con mayor cautela el uso de sus sistemas defensivos más avanzados.

Aunque Estados Unidos mantiene una superioridad estructural, el tipo de conflicto que se desarrolla con Irán puede evolucionar hacia una guerra prolongada de desgaste. De este modo, la capacidad de resistencia, la disponibilidad de municiones y el costo relativo de los sistemas de armas pasan a desempeñar un papel estratégico cada vez más relevante.

— Somos un grupo de investigadores independientes dedicados a analizar el proceso de guerra contra Venezuela y sus implicaciones globales. Desde el principio nuestro contenido ha sido de libre uso. Dependemos de donaciones y colaboraciones para sostener este proyecto, si deseas contribuir con Misión Verdad puedes hacerlo aquí<