Emiratos Árabes Unidos (EAU) ha anunciado su retiro de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y su alianza extendida con productores no socios en OPEP+.
La salida se efectuará tan pronto como el próximo 1º de mayo, finalizando así un ciclo de 59 años, desde el ingreso al bloque en 1967 a través del emirato de Abu Dabi.
La noticia se dio a conocer este martes 28 de abril por parte de la agencia estatal de noticias emiratí WAM. La decisión se tomó tras una revisión de la "capacidad (de producción) actual y futura" de EAU y se fundamenta en su "interés nacional y (…) compromiso de contribuir eficazmente a satisfacer las apremiantes necesidades del mercado", según un comunicado.
El anuncio de la retirada marca un hito histórico que seguramente incidirá en el tablero petrolero global.
Esta decisión no sería un evento aislado, sino el resultado de años de fricciones acumuladas y una divergencia estratégica profunda con el liderazgo de la organización.
Por otra parte, la medida es también un resultado del alineamiento geopolítico de EAU y las fricciones con otros miembros del bloque.
LAS FRICCIONES INTERNAS POR POLÍTICAS DEL BLOQUE
Durante años, la OPEP y OPEP+ han desarrollado políticas para incidir en el mercado petrolero internacional, apostando a su estabilización y el resguardo de los intereses de los países parte. Esta política consiste en lograr un margen estable de precios a nivel medio-alto, que ofrezca cuantiosos beneficios a las empresas (fundamentalmente estatales) y gobiernos que forman parte de la organización.
Parte de la estrategia incluye la construcción de ventajas comparativas para el fomento de la inversión al largo plazo y asegurar el flujo de nuevos proyectos que garanticen la oferta energética a presente, pero especialmente a futuro. En eso consiste la capitalización para financiar futuros desarrollos, desde el enfoque de oferta actual de OPEP.
Sin embargo, no todos los países de la organización piensan de la misma manera.
Por un lado, diversos países del bloque subrayan una importante consecuencia de la política de recortes: los países de la alianza han perdido cuotas de mercado y han hecho importantes sacrificios para retirar barriles del mercado.
Pero al mismo tiempo, precisamente a causa de los ciclos de precios de barriles en condiciones estables, otros competidores como Estados Unidos, Canadá, Noruega y Guyana (mediante el robo de crudo esequibano bajo reclamación) han aumentado su cuota de participación en el mercado, desplazando estratégicamente a los países OPEP y OPEP+.
La relación entre Abu Dabi y la OPEP se ha erosionado principalmente por el conflicto entre la capacidad instalada y las cuotas permitidas.
EAU ha invertido miles de millones de dólares en la última década para elevar su capacidad de producción a casi 5 millones de barriles diarios (mb/d). Pero las cuotas de la OPEP les instan a producir cerca de 3,4 mb/d, dejando casi un 40% de su infraestructura ociosa.
En julio de 2021, en el seno de los debates en el bloque, EAU ya había bloqueado una propuesta de la OPEP+ exigiendo que se revisara su "línea de base" (el nivel de referencia para calcular los recortes). Aunque se llegó a un compromiso temporal, la frustración por no poder rentabilizar sus inversiones persistió.
Es necesario comprender la posición de EAU, no solo desde una premisa en tiempo presente. Con la transición energética global en marcha, la visión de EAU es vender la mayor cantidad de petróleo posible ahora, maximizar los beneficios hoy, mientras la demanda sigue siendo alta, en lugar de restringir la oferta para sostener precios a largo plazo.
Según ese enfoque, los países productores deben sumirse en una férrea competencia, una disputa superior de las cuotas de mercado y una saturación mayor de la oferta, aunque ello afecte los tabuladores de precios de barriles. En ese contexto, EUA espera salir beneficiado, dado que apuestan a una maximización de ingresos en ventas por volumen, aunque el precio de los barriles baje.
La clara colisión entre EAU y otros países de OPEP y OPEP+ también obedece a diferencias estructurales entre los países y a diferencias sustanciales en los modelos de negocios.
Otros países necesitan precios de barriles altos para sostener inversiones costosas. EAU, por su parte, se anticipó; ya invirtió en condiciones para producir un 40% adicional de barriles acorde a su producción actual.
Los decisores de EAU comprenden perfectamente que una saturación mayor del mercado implica una ruptura del delicado equilibrio que ha existido (o al menos fue así hasta febrero pasado) entre la oferta y la demanda en los últimos dos años.
Entienden que un nuevo ciclo de precios bajos podría afectar en diversos plazos a sus competidores dentro y fuera de OPEP+. Tal vez, en cierta manera, esa es parte de las intenciones emiratíes.
ALINEAMIENTO Y PERFIL GEOPOLÍTICO
Las condiciones de acuerdos en OPEP+ se han vuelto más difíciles considerando la escala y peso de Arabia Saudita y Rusia como países más influyentes en la alianza. EAU se consideran afectados por las dinámicas de toma de decisiones.
El clima en las reuniones de la OPEP+ pasó de la cooperación técnica a un plano de confrontación velada entre algunos miembros. Los debates se han vuelto más intensos y las divergencias han evidenciado un posible agotamiento del enfoque de recortes que ha prevalecido durante estos años. OPEP+ ha estado liberando barriles estos meses para aliviar la presión de los miembros, pero esto se ha hecho considerando la capacidad del mercado de asimilar la nueva producción, de manera responsable. Pero esto dista mucho de la aspiración emiratí.
Angola (2023), Ecuador (2020), Catar (2019) e Indonesia, que suspendió su membresía en 2016, son países que, por diversas razones, se han retirado de la organización. En muchos casos el nivel de coincidencia es grande: divergencias por la política del bloque y cierto alineamiento al mundo occidental.
EAU compite en tres direcciones distintas simultáneas en su propia región, con Irán, Arabia Saudita y Catar. Se trata de un proceso complejo de tensiones, alineamiento y desacoplamiento.
En teoría, EAU busca una política exterior y económica más autónoma, alejándose de la disciplina del bloque para actuar según sus propios intereses nacionales y comerciales. Ello también sugiere afianzar su estrategia de diversificación económica, recibir inversiones no petroleras y apuntalar el fomento de los ejes de turismo, servicios financieros, conexiones aéreas, desarrollo de tecnología, industrias ligeras e industrias petroquímicas. Desean incrementar aún más las inversiones en esa dirección.
Pero el problema de enfoque es clave. Por ejemplo, Arabia Saudita, como actor influyente en la OPEP, ha abogado por recortes agresivos para mantener los precios altos (necesarios para financiar su "Visión 2030" para la diversificación económica). Esto chocó frontalmente con el deseo emiratí de aumentar el volumen de exportación y obtener mayores ingresos por mayores ventas por volumen, aunque hagan bajar los precios del crudo.
La relación entre ambos se tensó no solo por el petróleo, sino por la competencia directa por atraer inversión extranjera.
Riad ha intentado ejercer una "mano dura" para mantener la unidad del grupo. Sin embargo, al no ceder en las cuotas de EAU, dejó a Abu Dabi con pocas opciones para evitar el estancamiento de su industria.
La importante disrupción que surge con este retiro yace en la posibilidad de que EAU se una a otros países en su estrategia de saturación del mercado. EAU es uno de los pocos países con capacidad excedente real. Al quedar libre de cuotas, puede, junto a otros productores no organizados, inundar el mercado para ganar cuota de participación, lo que podría presionar los precios a la baja.
La salida se podría interpretar como una victoria política en el enfoque estratégico de Estados Unidos frente a la organización, especialmente bajo la administración Trump, que ha criticado históricamente a la OPEP por "manipular los precios".
La salida de EAU es un golpe más severo que las de Catar (2019) o Angola (2023); ocurre una pérdida de peso real en la influencia de la alianza. EAU representa aproximadamente el 9% de la producción total del grupo, posicionándose como el tercer mayor productor de la organización.
Por otro lado, existe el riesgo de que otros productores con ambiciones de expansión (como Irak o incluso Kuwait) vean en la salida de EAU un modelo a seguir, lo que podría significar el "principio del fin" de la capacidad de la organización para gestionar el mercado global.
También será apreciable un debilitamiento sistémico y estructural de la OPEP+. Sin la cohesión entre los grandes productores del Golfo, la alianza con Rusia queda herida, reduciendo su efectividad como contrapeso a los productores que compiten fuera de la alianza.
EL DÍA DESPUÉS DE IRÁN
La crisis militar y de seguridad regional en Asia Occidental, a partir de la guerra desatada por Estados Unidos e Israel contra Irán, podría desfigurar seriamente la estructura de hidrocarburos a nivel internacional.
Pero la escala y dimensiones de este proceso deben entenderse en diversas instancias.
En el corto plazo, el mundo ha ingresado a un nuevo ciclo de volatilidad de precios, shock delimitado de la oferta e incertidumbre. Pero para el mediano plazo el panorama es difuso.
Hay cuestiones objetivas inapelables: la producción petrolera en el Golfo Pérsico no será igual a antes de febrero en el corto plazo. Suponiendo que la guerra y la "apertura total" de Ormuz (Trump dixit) ocurran inmediatamente (lo cual es poco probable que ocurra), los efectos de la destrucción de infraestructuras perdurarán al menos hasta el próximo año.
Por otro lado, el panorama de la nueva situación geopolítica en el estrecho de Ormuz es difuso. Irán sigue tomando medidas para formalizar su "peaje" en el estrecho, con perspectivas al largo plazo, encareciendo los costos por fletes en la actividad comercial.
El shock delimitado de la oferta, que es coyuntural, está socavando los inventarios. Se trata de 400 millones de barriles en primera instancia y luego muchos más –si se alarga la situación actual– que podrían conformar un nuevo déficit. Esto sugiere que la reposición de inventarios también impulsará la demanda y, por ende, precios al alza.
En esta grieta en el sistema energético, EAU ha encontrado una oportunidad y su punto de salida. El ministro de Energía, Suhail Al Mazrouei, señaló que el contexto de la guerra en Irán y la inestabilidad en el estrecho de Ormuz exige respuestas rápidas que el marco burocrático de la OPEP no permite.
Tal vez este sería el momento menos doloroso para el retiro de EAU. El impacto no se percibe ahora, dado que el paso por el estrecho está limitado, los precios son altos, campea la incertidumbre y en este momento ningún país del Golfo podrá aumentar la producción. Pero eso es una foto del presente.
Las repercusiones significativas del retiro emiratí vendrán al mediano y largo plazo. Una vez que se reestablezcan las condiciones comerciales en Asia Occidental, EAU junto a otros productores no alineados promoverán la desarticulación de las políticas de oferta y el panorama pasará a ser incierto. Es sabido que cualquier escenario de quiebre de precios va a socavar los planes de inversión y suministro de crudos para los años por venir.