Lun. 12 Enero 2026 Actualizado 6:35 pm

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El presidente estadounidense organizó una reunión con un grupo de empresas energéticas de Estados Unidos y otros países, entre ellas ExxonMobil y Chevron (Foto: EFE)
De agente del bloqueo a operador de la inversión

El doble juego de Trump y el petróleo venezolano: entre sanciones y promesas

Hace pocos días, Donald Trump realizó una reunión con un conjunto de representantes de empresas petroleras estadounidenses, europeas y de otros países en la Casa Blanca. El foco de la cita fue discutir "oportunidades" de inversión en el sector petrolero venezolano.

La reunión en sí misma es parte del estilo y agenda geopolítica del mandatario. Aunque realizó afirmaciones positivas sobre el actual gobierno venezolano, ningún representante de este figuró en la cita. Básicamente, Trump asumió personalmente la labor, en un rol parecido al de un agente inmobiliario-petrolero, en un esfuerzo para destacar "logros" a beneficio "de Estados Unidos y Venezuela".

Pero la apuesta de largo alcance sugiere la intención de reposicionar a Venezuela como proveedor de materias primas al eje occidental, cuestión a la que el gobierno venezolano nunca se ha negado. En realidad, Venezuela dejó de proveer petróleo y ha degradado su relación con empresas estadounidenses y occidentales a causa de las sanciones ilegales emanadas desde Washington.

Una de las anécdotas más llamativas durante esta reunión vino de la mano de Jeff Miller, CEO de la empresa de servicios Halliburton. Al ser abordado por Trump sobre por qué salieron de Venezuela, este replicó:

"Como empresa, salimos bajo las sanciones en el 2019. Teníamos las intenciones de quedarnos (...) cuando entraron las sanciones en vigor, se nos pidió que nos fuéramos".

No se anunciaron acuerdos formales ni compromisos vinculantes durante la reunión. Pero las distintas posturas de las empresas sugieren un marco de expectativas mixtas.

DECLARACIONES DE INTENCIóN

Trump propuso que las compañías invirtieran "al menos USD 100 mil millones de su propio dinero" (no de contribuyentes estadounidenses) para reconstruir la infraestructura petrolera venezolana, con el objetivo de aumentar la producción de manera rápida, posiblemente en 18 meses, y bajar los precios del petróleo en Estados Unidos a niveles de más o menos 50 USD por barril.

Claramente, Trump enmarca a Venezuela dentro de su propia estrategia energética interna: ha prometido "hacer bajar" el precio del barril de crudo y ha proclamado que su gobierno "tiene la gasolina más barata" en los últimos cinco años.

ExxonMobil y su CEO Darren Woods describieron a Venezuela como "no invertible" (uninvestable) en su estado político y jurídico actual, citando la necesidad de "cambios significativos" en los marcos comerciales, legales y de seguridad. El ejecutivo recordó que su empresa ya había sido "afectada" en dos procesos de nacionalización, en 1975 y 2007.

En un tono similar a ExxonMobil, el representante de ConocoPhillips expresó preocupación por riesgos legales y comerciales, sin comprometerse a inversiones rápidas. También perdieron activos en la nacionalización de 2007.

Mike Wirth, a nombre de Chevron, mostró interés en un aumento rápido de la producción, ya que opera actualmente en Venezuela (produciendo alrededor de 45 mil bpd). El CEO de la compañía indicó disposición para invertir más, pero sin dar cifras específicas o compromisos firmes.

El mandatario elogió a la compañía por haberse quedado en Venezuela, sin aludir a los daños ocasionados a la empresa por su propio gobierno. Chevron estaba comercializando desde Venezuela más de 250 mil bpd antes de que el mismo Trump retirara las licencias de la administración Biden.

Repsol y su CEO Josu Jon Imaz, empresa que mantiene actividades limitadas en Venezuela, declararon que la compañía está "lista para invertir fuertemente" y triplicar su producción en tres años. Esto significaría elevar su actual producción, de unos 45 mil bpd actuales.

Otras empresas (Shell, ENI) expresaron interés general en aumentar inversiones y producción "inmediatamente", según el secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, pero sin ofrecer detalles concretos.

ARISTAS CLAVES

En general, los ejecutivos elogiaron la "oportunidad" ofrecida por Trump, pero algunas empresas inyectaron "una dosis de realismo" destacando complejidades en seguridad, requisitos legales y la "deteriorada infraestructura".

Es notorio el contraste en las visiones de las empresas que alguna vez estuvieron en Venezuela y mantienen retaliaciones judiciales contra el Estado venezolano (ExxonMobil y ConocoPhillips), y aquellas empresas occidentales que se mantienen en el país, como Chevron, Resol y ENI. Estas últimas han logrado mantener operaciones, en gran medida, gracias a que el gobierno venezolano ha mediado su situación exigiendo o negociando licencias petroleras con los últimos gobiernos en la Casa Blanca.

Harry Sargeant III, de Oil Trading Company, estuvo en esta reunión y representa a su empresa que ha comercializado crudo venezolano en tiempos de sanciones. Es una de las varias "empresas pequeñas" que podrían participar en Venezuela si otras grandes no lo hacen.

El 11 de enero, Trump declaró que está "inclinado" a dejar a ExxonMobil fuera de sus planes sobre el sector petrolero venezolano, por "hacerse los listos". Esto obedece a las palabras de Woods en la referida reunión.

Otro elemento evidente de este encuentro es que, como portafolio petrolero, la oferta de Trump no es realmente novedosa y significativa.

Básicamente, las empresas más grandes en la cita, las que se mostraron más optimistas, ya están en Venezuela y otras, como Shell y BP, han mediado con el país caribeño en otros acuerdos energéticos (especialmente en materia de gas), pero han visto obstaculizadas sus actividades a causa de sanciones ilegales y derogación de licencias.

Lo que hay hasta ahora es un reacomodo de las mismas empresas que ya estaban beneficiadas en la política de licencias de Joe Biden, con la posibilidad de que aumenten su inversión. También es posible que otras empresas pequeñas asuman el llamado del mandatario estadounidense, quien actúa como un agente de bienes raíces petrolero.

El panorama de inversiones tiene otras aristas, como el régimen concesionario que hoy es favorable a empresas chinas en muchos campos petroleros venezolanos. Las empresas chinas cuentan con grandes dificultades para invertir a causa de sanciones ilegales. Trump ha dicho que "expulsará" a China de Venezuela y reducirá su posición para hacerlos compradores del producto. En esta línea, también mencionó a Rusia como posible cliente de los crudos venezolanos "bajo el control" comercial estadounidense.

Pero el control de las concesiones en el terreno sigue residiendo sobre el Estado venezolano y China tendría posición de fuerza para negociar con Estados Unidos, con el auspicio de Venezuela, ya que ha conseguido persuadir a Trump en otros ámbitos en relación a materias primas y tecnologías (chips y minerales críticos).

Varias empresas estadounidenses podrían ser reticentes al llamado de Trump, pero las empresas chinas, ya en Venezuela, podrían contribuir enormemente a la meta de inversiones y el flujo de crudo venezolano al mercado, favoreciendo la estrategia del mandatario. En este punto, el pragmatismo de las negociaciones podría prevalecer sobre la agenda ideológica de Trump, lo que está por verse.

Entretanto, la geopolítica energética y la situación comercial de Venezuela están rumbo a redimensionarse desde el estatus y las deformaciones generadas por las sanciones ilegales, para regresar al contexto previo de 2019, justo antes de que el mismo Trump impusiera un veto total.

El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, declaró a Reuters que las sanciones adicionales impuestas por Estados Unidos a Venezuela podrían levantarse próximamente para facilitar las ventas de petróleo. "Estamos despenalizando el petróleo que se va a vender", dijo.

Esto abre las puertas a las comercializadoras y clientes estadounidenses que hasta finales de 2024 ya mantenían una relación con Venezuela, vía Chevron. Nada nuevo bajo el sol.

La medida iría en clara congruencia con las nuevas condiciones de "confianza" que demandan las empresas y con las condiciones elementales para el clima de negocios. Si el esquema es de levantamiento de sanciones, habría una clara distinción si se compara con la publicación de licencias.

Sobre el petróleo venezolano, Washington camina sobre sus propios pasos como si fuera 2018, solo que su estrategia va acompasada ahora con gran presión, imposición de fuerza y búsqueda de ventajas comerciales y concesionarias para las empresas estadounidenses. Pero la necesidad objetiva del producto petrolero ha seguido intacta, de la misma manera en que permanece intacta la estructura gubernamental en Venezuela luego del secuestro del presidente Nicolás Maduro.

Trump ha preferido hasta ahora trabajar con el gobierno en Caracas, promoviendo un nuevo esquema de relación bilateral y abordando los nudos críticos de una asociación que siempre pudo ser, si él mismo no la hubiera desbaratado antes.

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