Jue. 19 Mayo 2022 Actualizado 12:38 pm

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Según analistas el cambio climático presiona una vulnerabilidad ya existente y agrava la “crisis humanitaria” en la región por la migración que desde 2018 ha movilizado a más de un millón de centroamericanos hacia Estados Unidos. (Foto: VOS TV)

Migración climática, ¿fábula o moraleja?

Sobran las pruebas históricas de que los factores climáticos han desempeñado un papel importante en los movimientos de población, desde el declive del Imperio Romano de Occidente en el año 476 d.C. hasta la sequía ocurrida durante la caída del Imperio Maya (660 a 1000 d.C.).

El clima envuelve todas las actividades económicas y lo que se ha dado en llamar cambio climático ha empezado a generar impactos fuertemente tangibles en la mayoría de dichas actividades. En función de los escenarios proyectados, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) ha previsto que, al ritmo actual, es probable que las temperaturas mundiales alcancen una media de 1,5°C por encima de los niveles preindustriales en algún momento entre 2030 y 2052.

Aunque se puede pensar que es un aumento modesto, este incluiría el rango de la variabilidad diaria y provocaría impactos en cascada sobre las capas de hielo, los ecosistemas y los sistemas productivos que alterarían fundamentalmente la habitabilidad cuando se extiendan por toda la superficie terrestre del planeta.

Estos impactos no ocurren de manera uniforme, ya las latitudes altas se están calentando al doble de la velocidad del resto del mundo, mientras aumenta la superficie de tierras secas.

Un informe publicado a principios de este mes por el Banco Mundial (BM) prevé que 216 millones de personas en el África subsahariana, Asia meridional, Europa oriental, África del norte, Asia central, Asia oriental y el Pacífico podrían desplazarse dentro de sus países en 2050. Se les denominaría migrantes climáticos, según algunas agencias y medios, pero parte del problema es que no existe una definición clara, legal o no, sobre el término, sobre todo porque el cambio climático rara vez es la razón principal por la que alguien decide abandonar su hogar, pero casi siempre es un factor agravante.

Un (no tan nuevo) fenómeno en el tope de la preocupación global

En 2018, el mismo BM preveía que, para 2050, 143 millones de "migrantes climáticos" se enfrentarían a una "amenaza existencial" y se verían desplazados, esto incluía a 86 millones en el África subsahariana, 40 millones en el sur de Asia y 17 millones en América Latina, regiones que albergan a más de la mitad de la población del mundo “en desarrollo”, es decir, los países empobrecidos por la división internacional del trabajo impuesta por el capitalismo global. El número aumentó a 216 millones en la versión 2021 del mismo informe.

Existen eventos extremos que pueden producir migraciones abruptas, pero los lentos cambios ambientales como la acidificación de los océanos, la desertificación y la erosión de las costas, también están repercutiendo directamente en los medios de vida de las personas y en su capacidad para sobrevivir en sus lugares de origen.

No se trata de un fenómeno aislado ni lineal, dichos cambios interactúan con las vulnerabilidades socioeconómicas y las exacerban generando conflictos a individuos, familias y comunidades enteras, obligándoles a buscar hogares más viables.

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Familias de Pakistán se movilizan huyendo de inundaciones. (Foto: Banco Asiático de Desarrollo)

El entonces ministro francés de Ecología, Nicolas Hulot, dijo en 2018, durante una conferencia de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), que los problemas climáticos ya estaban desplazando al doble de personas que los conflictos, y que podrían ser ya la principal causa de migración. Dicha afirmación causó curiosidad debido a que, si algo define al fenómeno, es su sinergia con infinidad de variables socioambientales, por lo que detrás de cada migración “climática” están numerosas causas más allá del clima, incluídos los conflictos.

Además de los factores que originan las vulnerabilidades están las respuestas del mundo “desarrollado” como las que se han difundido recientemente en el caso de la frontera sur de Estados Unidos y el trato degradante a ciudadanos haitianos y centroamericanos en busca de asilo.

El mismo BM, que acompaña a cada paquete neoliberal que produce excluidos en masas, ha afirmado que la migración vinculada al clima no tiene por qué desembocar en una crisis humanitaria y ha invocado a la “planificación” como arma de defensa.

A continuación algunos ejemplos del panorama global:

  • Los niveles del río Paraná, que atraviesa Brasil, Paraguay y Argentina, son tan bajos que algunos ganaderos están arreando el ganado por los lechos secos y, a principios de este año, las cascadas de las cataratas de Iguazú, en la frontera entre Brasil y Argentina, se redujeron a un relativo goteo.

  • En algunas islas del Pacífico occidental, el nivel del mar está subiendo a un ritmo de 12 milímetros por año y ya ha sumergido ocho islas, dos más están a punto de desaparecer y se calcula que en 2100 se habrán perdido 48 islas en total. Ello ha provocado una oleada de migraciones hacia países más grandes, entre ellas la familia Teitota de la nación insular de Kiribati, que en 2015 solicitó el estatus de refugiado al Tribunal Superior de Nueva Zelanda pero finalmente fue desestimado.

  • En el sur de Asia, el aumento de las temperaturas, la subida del nivel del mar, la mayor frecuencia de ciclones, las inundaciones de los sistemas fluviales alimentados por el deshielo de los glaciares y otros fenómenos meteorológicos extremos están exacerbando los actuales patrones de migración interna e internacional.

  • Por otra parte, el rápido crecimiento económico y la urbanización hacen que la demanda de energía crezca un 66% para 2040, acelerando y magnificando el impacto y los impulsores del cambio climático. Muchas de las zonas urbanas en expansión están situadas en zonas costeras bajas, ya amenazadas por la subida del nivel del mar, por lo que el BM prevé que Bangladesh, Bután, India, Maldivas, Nepal y Sri Lanka perderán el 1,8% de su PIB anual.

  • El noroeste de África se enfrenta a la subida del nivel del mar, la sequía y la desertificación, lo que aumentará el ya considerable número de migrantes estacionales y supondrá una presión añadida para el país de origen, así como para los países de destino y las rutas que recorren los migrantes.

  • Expertos en seguridad y clima atribuyen la eficacia de las estrategias de reclutamiento financiero de Al Qaeda al declive de los medios de vida agrícolas y pastorales, por lo cual asocian al cambio climático con la agresión otanista a Siria, que aun no termina.

Entre lo que se dice y lo que se hace

Cabría preguntarse si la planificación de la que habla el BM es una idea nueva y, de no serlo, por qué no se ha implementado un programa global que atienda a la migración climática. Cada cierto tiempo los gobiernos se reúnen para debatir el tema climático y cada vez son más los espacios en los que el tema es abordado.

Además, hay consenso en la comunidad científica respecto a los drásticos impactos del cambio climático, sin embargo existe una gran brecha entre lo que el consenso científico insta a hacer a los líderes mundiales y lo que esos líderes han estado dispuestos a hacer hasta ahora, más allá de las promesas, que a este punto parecieran ser insuficientes para mitigarlo.

El más reciente informe de la ONU revela que la temperatura media mundial aumentará 2,7ºC a finales de siglo con respecto a los niveles preindustriales, incluso si todos los países cumplen con los recortes de emisiones prometidos. Este aumento probablemente empeorará los incendios forestales extremos, las sequías y las inundaciones, también aumentará la frecuencia de las olas de calor mortales y amenazará a las ciudades costeras con la subida del nivel del mar.

Las emisiones de gases que calientan el planeta están preparadas para crecer un 16% durante esta década en comparación con los niveles de 2010, a pesar de que las últimas investigaciones científicas indican que deben reducirse al menos una cuarta parte para 2030 y así evitar los peores impactos del calentamiento global.

Un análisis reciente realizado por Climate Action Tracker reveló que ninguno de los principales emisores tiene un compromiso climático acorde con el objetivo de 1,5ºC. Varios países, como Gran Bretaña y la Unión Europea, están cerca. Estados Unidos no. ONG como Greenpeace critican que los “intereses creados” (las corporaciones transnacionales) lleven la voz cantante en materia de clima, en lugar de servir a la comunidad mundial.

Otro análisis publicado por el Instituto de Recursos Mundiales, con sede en Washington, concluye que las acciones de las 20 mayores economías del mundo son fundamentales para frenar el cambio climático global. Estas 20 economías aportan el 75% de las emisiones mundiales.

En su estudio muestran el porcentaje de la brecha de ambición global para 2030 que cada país del G20 cerraría adoptando una Contribución Nacional Determinada "alineada con 1,5ºC", es decir, lo que se han comprometido a reducir para esa fecha.

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Diferencias de emisiones en 2030 entre los objetivos del G20 y las trayectorias domésticas de 1,5 ºC, hasta la fecha, Argentina, Canadá, la Unión Europea y Estados Unidos han fijado objetivos más ambiciosos en el papel.

Yahoo News publicó recientemente un informe titulado "Por qué Estados Unidos va 10 o 15 años por detrás de Europa en los objetivos climáticos" en el que reconoce que Estados Unidos no solo no ha liderado el mundo en la crisis climática, sino que ha sido el principal culpable de bloquear la acción colectiva oportuna para evitar una crisis existencial global.

El país del norte ha gastado billones de dólares en guerras, muchas de ellas originadas en operaciones de bandera falsa, vendiendo armas y alimentando los conflictos en todo el mundo mientras en su propio territorio aumentan vulnerabilidades como la pobreza, la desigualdad y la atención sanitaria es tan deficiente como la educación y la seguridad social.

Inestabilidad en un mundo mayoritariamente “vulnerable”

La vulnerabilidad social es definida a partir de las características sociodemográficas de la población, como la edad, el sexo, la etnia, la raza, la educación y los principales medios de vida, así como su acceso a capitales financieros y de otro tipo y su capacidad de adaptación. En general, es más probable que una mayor frecuencia e intensidad de los peligros climáticos incite a la gente a emigrar cuando la población es más vulnerable y tiene una menor capacidad de adaptación.

Lo que en el lenguaje académico es llamado “vulnerabilidad” no es otra cosa que la interacción entre los efectos del capitalismo globalizado e impuesto. Eventos climáticos extremos como tormentas impredecibles y huracanes consecutivos provocan fuertes aguaceros, desencadenando deslizamientos de tierra que entierran los cultivos y dejan a su paso plagas y enfermedades. Luego, cuando la tierra se seca por prolongadas olas de calor y una persistente sequía, la situación empeora.

Así varios países del Sur Global se tambalean entre las intensas sequías y las devastadoras inundaciones, algunos agricultores se ven obligados a vender todo lo que pueden, pedir prestadas enormes sumas de dinero o abandonar sus hogares. La mayoría se traslada dentro del país, a las ciudades en busca de trabajo, mientras que otros se unirán a las caravanas migrantes hacia el norte.

En el caso específico de Guatemala, más de una quinta parte de la población se enfrenta niveles peligrosamente altos de inseguridad alimentaria y casi la mitad de los niños menores de 5 años sufren desnutrición crónica, según el Programa Mundial de Alimentos de la ONU.

Expertos afirman que el cambio climático podría desplazar a cientos de millones de personas en todo el mundo a medida que el aumento del nivel del mar, las temperaturas más altas y la mayor frecuencia de fenómenos meteorológicos extremos transformen los lugares habitables del planeta. Pero no tiene tanto que ver con las características propias de dichos lugares como con los altos niveles de pobreza, corrupción y conflictos que en ellos ocurren.

El proceso de desocupación de tierras ocurre desde antes de que el cambio climático se intensificara, en el caso del llamado Corredor Seco, una franja de Centroamérica que se extiende desde el sur de México hasta Panamá, los altos niveles de pobreza y la dependencia de los cultivos de cereales en las comunidades rurales ya hacían que hubiera “vulnerabilidad”.

Además en muchas regiones predominan los patrones de movilidad a corto plazo, circulares o estacionales, especialmente para personas como los trabajadores migrantes y los pastores nómadas.

Un estudio publicado en la revista Environmental Research Letters modeliza las previsiones de sequías futuras en Centroamérica y prevé que la gravedad, frecuencia y duración de las sequías en todo el Corredor Seco empeorarán hasta finales de siglo, además estima que el movimiento de personas desplazadas “por el cambio climático” podría alimentar los conflictos políticos entre naciones, o profundizar las tensiones existentes.

Otros estudios han demostrado que las temperaturas más cálidas de la superficie del mar están aumentando las posibilidades de que las tormentas se conviertan en huracanes importantes cuando se forman, lo que propiciaría un aumento de los fenómenos meteorológicos extremos.

Con un modelo agroalimentario impuesto y basado en el uso de altas cantidades de agua, combustibles fósiles y agroquímicos, la escasez hídrica amenaza constantemente a los empleos agrícolas, que ocupan al 33% de los guatemaltecos, al 30% de los hondureños y al 19% de los salvadoreños mientras dan trabajo al 1,5% de la población estadounidense. En 2018, el Corredor Seco perdió el 60% de su cosecha de maíz y el 80% de la de frijoles que, además de mercancía, son alimentos de subsistencia de las familias campesinas.

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La pérdida de cosechas es una de las razones que motiva la migración hacia la frontera sur de Estados Unidos por parte de sectores campesinos de Centroamérica. (Foto: Archivo)

Con las cosechas destruidas deben migrar y convertirse en refugiados dentro y fuera de sus países, buscando alimentos para sobrevivir enfrentando al riesgo de violencia y extorsión por parte de las bandas armadas o intentar llegar a la frontera de Estados Unidos, aunque a siete de cada diez de ellos probablemente se les denegará la entrada.

¿Refugiados o chivos expiatorios?

Parte del problema es que no existe una definición clara, legal o no, sobre quién es un migrante climático, pero lo cierto es que factores climáticos provocan un aumento de la movilidad humana y, cuando las personas que decidan desplazarse, lo harán con poca protección jurídica. El actual sistema de derecho internacional no está preparado para proteger a los migrantes climáticos, ya que no existen acuerdos jurídicamente vinculantes que obliguen a los países a apoyarles.

Afirma John Podesta que, aunque los migrantes climáticos que huyen de condiciones insoportables se asemejan a los refugiados, las protecciones legales que se otorgan a los refugiados no se extienden a ellos. La oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) se ha negado hasta ahora a conceder a estas personas el estatuto de refugiado, calificándolas, en cambio, de "migrantes medioambientales", en gran parte porque carece de recursos para atender sus necesidades.

Los términos que se asocian a menudo con la migración climática incluyen el desplazamiento climático, la migración masiva, la migración de emergencia y los refugiados climáticos; sin embargo, "refugiado" es una categoría legal que se limita a las personas que huyen de la persecución debido a factores como su raza, etnia, credo o creencias políticas.

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Alrededor de 13 mil migrantes, en su mayoría de Haití, arribaron masivamente en días recientes y quedaron retenidos por las autoridades migratorias de Estados Unidos en un campamento improvisado entre Del Río con Ciudad Acuña, en Coahuila, México

Los hechos difundidos a través de la prensa global en la frontera Sur de Estados Unidos son consecuencia de lo que viene ocurriendo desde el comienzo de la pandemia de covid-19 en marzo de 2020, Estados Unidos ha estado utilizando el llamado Título 42, una ley de salud pública que da al gobierno el derecho de negar el asilo y expulsar a las personas que han estado recientemente en un país donde había una enfermedad transmisible.

Unos 948 mil inmigrantes han sido deportados sin ningún tipo de proceso en un supuesto esfuerzo por detener la propagación de la pandemia, a pesar de que los científicos del gobierno han dicho repetidamente que la política tiene poco beneficio para la salud pública. Es así como el nuevo coronavirus no se ha detenido, pero no por culpa de los inmigrantes, sino por el estruendoso fracaso de la administración Trump en el manejo epidemiológico del virus y por los altos niveles de indecisión ante las vacunas entre la población.

Al prohibirse la entrada a todos los inmigrantes se provocó la aparición de campamentos informales de migrantes en ciudades fronterizas mexicanas, como las de Tijuana y Reynosa.

Entre huracanes y sequías, sumada la pandemia, se agravaron las crisis de pobreza e inseguridad alimentaria ya existentes en la región y muchos emprendieron el viaje con un agravante: Como a los migrantes se les niega la entrada o se les deporta sin una decisión final sobre sus solicitudes de asilo en virtud del Título 42, intentan cruzar repetidamente con la esperanza de que finalmente se les conceda el permiso para entrar en Estados Unidos.

En julio pasado, la vicepresidenta estadounidense Kamala Harris publicó su estrategia para abordar las "causas fundamentales" de la migración centroamericana, pero no hubo énfasis ni claridad en cómo Estados Unidos reduciría sus emisiones y cumpliría las promesas de financiación de la cooperación mundial en materia de cambio climático para evitar futuras “crisis humanitarias” en la región caribeña y centroamericana. Ello redujo todo a una fábula mal contada.

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Ciertas agencias multilaterales y corporaciones mediáticas han buscado endosar al factor clima la complejidad de la migración en nuestros días, en muchos casos es síntoma de otros aspectos que dificultan la estabilidad de poblaciones enteras dentro de países a los que les han sido impuestas políticas excluyentes que son agravadas tanto por eventos meteorológicos o geofísicos extremos e impactantes como por procesos ambientales graduales que van haciendo difícil la estadía en una zona.

Un sistema agro-urbano-industrial, que ha generado las condiciones que aceleraron el cambio climático, está basado en la acumulación en beneficio de unos pocos y excluye a quienes padecen sus efectos.

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