Vie. 21 Agosto 2026 Actualizado 11:42 am

kimi k3

Vista del estand de Moonshot AI en la feria World Artificial Intelligence Conference (WAIC), celebrada en julio pasado en Shanghai, China (Foto: Go Nakamura / Reuters)

¿EE.UU. está perdiendo la guerra de la IA contra China?

En un artículo publicado en la revista estadounidense Palladium, el especialista en tecnología e investigador Daniel Francis analiza cómo el auge de los modelos de inteligencia artificial (IA) desarrollados en China amenaza la viabilidad comercial y el dominio estratégico de los laboratorios estadounidenses.

Con el título "La IA estadounidense podría no sobrevivir al software de código abierto chino", el texto expone la creciente preocupación dentro de los sectores vinculados a la defensa y la ciberseguridad en Estados Unidos ante la incapacidad de su modelo privado para competir contra la estrategia china de código abierto. Desde el enfoque del establishment estadounidense reseñado en el artículo, el conflicto trasciende la competencia comercial para convertirse en una disputa existencial por la supremacía militar y tecnológica global.

El desafío del código abierto frente a la hegemonía tecnológica estadounidense

El análisis de Francis parte del impacto que provocó en la industria estadounidense el reciente lanzamiento del modelo Kimi K3, desarrollado por el laboratorio chino Moonshot y que alcanzó métricas de rendimiento comparables a las de Fable, un modelo propietario insignia de la firma estadounidense Anthropic. Lo que encendió las alarmas en Washington fue que el lanzamiento de K3 ocurriera apenas una semana después de que las propias autoridades norteamericanas restringieran temporalmente el uso de Fable por temor a sus capacidades operativas en guerra cibernética.

Que un laboratorio extranjero publique de forma libre y accesible un modelo de potencia similar al que el gobierno de Estados Unidos intenta supervisar casi como si fuera "prácticamente un arma nuclear" representa, en palabras del autor, un "duro golpe para el marco regulatorio de la IA en Estados Unidos".

La preocupación central del texto radica en la asimetría de recursos. A pesar de que los laboratorios chinos enfrentan severas restricciones de acceso a chips avanzados de última generación y cuentan con presupuestos más reducidos que las firmas de Silicon Valley, logran resultados de alto nivel mediante el método técnico de la "destilación". En lugar de asumir los multimillonarios costos de procesar inmensas bases de datos originales, textos o libros, los desarrolladores en China entrenan sus sistemas directamente con las respuestas generadas por los modelos estadounidenses más avanzados. Esto les permite replicar con alta fidelidad las capacidades de la IA norteamericana a una fracción marginal del costo original.

Esta dinámica quiebra la viabilidad financiera del esquema privado de innovación en Estados Unidos. Firmas como OpenAI o Anthropic deben financiar sus investigaciones e infraestructura de computación mediante capital de riesgo, cobrando tanto por el entrenamiento como por el uso final del servicio. En cambio, la estrategia china elimina el costo de desarrollo primario y compite ofreciendo el código de forma gratuita, limitando sus cobros al procesamiento. El autor sintetiza de la siguiente manera el impacto que esta estrategia de mercado genera sobre las corporaciones de su país:

"La estrategia de destilar modelos de IA estadounidenses y ofrecer los pesos gratuitamente puede interpretarse como una táctica brillante para frenar a una industria extranjera que busca una ventaja estratégica permanente (...) Una empresa que puede prescindir de los costes de entrenamiento y simplemente cobrar por la inferencia utilizando un modelo de pesos abiertos goza de una clara ventaja económica frente a laboratorios como OpenAI y Anthropic (...) el resultado es potencialmente devastador para nuestra industria nacional de IA".

Este dilema económico sobrepasa el ámbito mercantil de las grandes corporaciones y sus inversores. Dado que los modelos de lenguaje estadounidenses desarrollados para el mercado comercial son utilizados simultáneamente por el Pentágono para misiones de ciberdefensa y la localización de objetivos en el terreno, la erosión de los incentivos financieros para investigar y entrenar nuevos modelos es interpretada en la narrativa del artículo como un ataque directo a la futura hegemonía militar de Estados Unidos.

Subvención estatal y control militar: la respuesta que debate el establishment

Frente a la imposibilidad técnica de prohibir de manera absoluta el software de libre acceso difundido en internet, el texto de Palladium detalla las alternativas que se discuten en las esferas de poder de Washington para frenar la pérdida de hegemonía. Entre las propuestas iniciales, Francis destaca el planteamiento de Dean Ball —exfuncionario de la administración Trump y actual directivo de OpenAI—, quien sugiere utilizar la presión regulatoria y la incertidumbre jurídica para desincentivar que las grandes corporaciones utilicen herramientas de código abierto extranjeras, garantizando así una base de clientes cautiva para las firmas de Silicon Valley.

El artículo advierte que estas medidas comerciales se quedan cortas ante la velocidad del desarrollo tecnológico. Para Francis, la inteligencia artificial no representa una ventaja táctica temporal, como en su momento lo fueron el armamento atómico o la aviación sigilosa, sino una tecnología de "ventaja estratégica permanente". El motivo radica en el fenómeno de la auto-mejora recursiva (RSI), un proceso mediante el cual los algoritmos asumen de forma autónoma la investigación y el entrenamiento de futuras generaciones de IA a ritmos sobrehumanos. El autor califica de la siguiente manera la incoherencia de dejar este recurso en manos del mercado de consumo masivo:

"Si tales premisas son ciertas, entonces la situación actual de que dicha tecnología sea financiada por el sector privado para aplicaciones como la asistencia a programadores y la provisión de recetas es un error histórico casi cómico (...) A medida que la mejora de modelos mediante RSI se consolide como un método cada vez más fiable, los modelos comerciales se estancarán en su mayoría y las futuras sesiones de entrenamiento serán financiadas y consumidas íntegramente por el gobierno".

Bajo esta premisa, la respuesta del gobierno norteamericano apunta hacia la subvención directa y la estatización del sector de vanguardia. El texto plantea un escenario donde el Estado asuma el costo financiero de entrenar los modelos más avanzados a cambio de retirar sus capacidades reales del mercado comercial, reservando su uso exclusivo para el Pentágono y los organismos de inteligencia. El especialista concluye su análisis advirtiendo que la narrativa del libre comercio en la industria informática estadounidense ha llegado a su fin frente al avance chino:

"No cabe esperar que un gobierno estadounidense racional permita que el dominio de la IA estadounidense se desvanezca ante la competencia extranjera subvencionada, como ha ocurrido antes con tantas acerías y fábricas de neumáticos. Las consecuencias del futuro control de la IA podrían ir mucho más allá de cualquier tecnología anterior".

De este modo, la postura expuesta en Palladium evidencia el viraje doctrinario del establishment norteamericano: ante la presión competitiva ejercida por los desarrollos de libre acceso en China, el discurso de la libre competencia cede terreno frente a un esquema explícito de proteccionismo económico, financiamiento público y subordinación militar del desarrollo tecnológico de Silicon Valley. Una estrategia que, por demás, viene avanzando a paso acelerado en la administración Trump.

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