En la recta final hacia las elecciones presidenciales del 31 de mayo de 2026, Colombia se encuentra en una de las coyunturas más decisivas de su historia reciente. El proceso ha abierto un escenario con tres candidatos que representan formas divergentes de entender la democracia y la seguridad. Mientras el fantasma de la violencia armada ensombrece algunas regiones y el peso de la desinformación crece en redes sociales, la carrera electoral avanza con la certeza casi absoluta de una segunda vuelta el 21 de junio.
Para esta primera vuelta, 41.421.973 colombianos están habilitados para votar en todo el mundo. La Registraduría Nacional del Estado Civil habilitó más de 13.000 puestos y 120.527 mesas de votación globales para recibir los sufragios. Fuera de Colombia, hasta 1.414.661 personas están habilitadas para votar en 2.181 mesas (el 31 de mayo) y 1.489 (del 25 al 30 de mayo), distribuidas en 253 puestos de votación en 67 países.
Contexto y propuestas de los candidatos
El telón de fondo está marcado por una disputa por la narrativa que trasciende lo electoral. A pesar de la política de "Paz Total" del gobierno saliente, encabezado por Gustavo Petro, la violencia armada se ha recrudecido y nada indica que esto sea casual. A finales de abril pasado, un atentado con bomba en el departamento del Cauca dejó 21 muertos y 56 heridos. En respuesta, el ELN y el Estado Mayor Central (disidencia de las FARC) anunciaron, respectivamente, un alto al fuego temporal durante la jornada electoral para reducir la violencia el día de la votación.
Este clima de inseguridad es el principal campo de batalla ideológico entre los candidatos, lo que se evidencia en sus respectivas propuestas:
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Iván Cepeda (Pacto Histórico). Lidera las encuestas con entre 35% y 45% de intención de voto. Su programa "El poder de la verdad" propone tres revoluciones: ética, social-económica y política. Busca redistribuir tierras a 200.000 familias campesinas, regular parcialmente el mercado de coca para debilitar cárteles, profundizar la paz total y garantizar agua potable como derecho humano. Se presenta como continuador del proyecto petrista, con énfasis en justicia social y participación ciudadana. Su candidata a la vicepresidencia es Aida Quilcué, líder indígena caucana.
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Abelardo de la Espriella (Defensores de la Patria). Obtiene entre 21% y 31% en sondeos. Su plan "Patria Milagro" promete reducir el Estado en 40%, eliminar dos normas por cada nueva, fumigar 330.000 hectáreas de coca y crear 10 "megaprisiones". Inspirado en modelos como el de Bukele y Milei, apuesta por seguridad militarizada, reactivación de hidrocarburos y desregulación económica. Su campaña se apoya fuertemente en TikTok y redes sociales. Su candidato a la vicepresidencia es el economista —y exministro de Duque— José Manuel Restrepo.
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Paloma Valencia (Centro Democrático). Plantea un plan de 10 puntos con cinco "bombas" de acción inmediata: robustecer la fuerza pública con 30.000 nuevos efectivos (Plan 30-30), resolver 10 millones de atenciones médicas represadas, reactivar exploración de combustibles fósiles —incluyendo fracking—, reformar el sistema pensional y proteger la Amazonía con regalías energéticas. Su discurso se ubica en la centro-derecha institucional, con énfasis en seguridad democrática y diálogo moderado. Su candidato a vicepresidente es el economista Juan Carlos Oviedo.
encuestas y redes: Auges, caídas y manipulación
El comportamiento de las encuestas ha sido errático y está profundamente influenciado por la "guerra sucia" digital. Según medios colombianos, Cepeda lidera la primera vuelta con una ventaja significativa, pero sus rivales de derecha sumados lo superarían, lo que hace casi inevitable una segunda vuelta el 21 de junio.
En ese escenario, De la Espriella podría beneficiarse del voto útil de la derecha si logra aglutinar el respaldo de los simpatizantes de Valencia, aunque la fragmentación del uribismo —evidenciada en cruces públicos entre Uribe y el candidato disruptivo— complica esa convergencia.
Otro aspecto relevante es la manipulación a través de las redes sociales. El auge de De la Espriella en plataformas como TikTok ha sido impulsado por videos virales y memes que explotan la emoción sobre la razón. Expertos citados por medios internacionales señalan que hemos pasado de una "política de emociones" a una "política de entretenimiento", donde el candidato que mejor "actúa" en pantalla domina la narrativa. De la Espriella, a pesar (o debido a) sus constantes polémicas—como insultar a periodistas o las acusaciones de sobornos en el pasado—no ha visto mermada su popularidad, sino todo lo contrario: el escándalo alimenta su imagen de "outsider" que rompe el statu quo.
Por otro lado, existe una creciente preocupación por una "operación fraude" desde la narrativa. Candidatos de derecha han sembrado dudas sobre la limpieza del proceso, alegando sin pruebas que el gobierno de Petro podría intentar manipular los resultados. Esta estrategia, similar a la vista en otros países de la región, busca deslegitimar un eventual triunfo de Cepeda y movilizar al electorado anti-petrista bajo la bandera de la "defensa de la democracia". Las encuestas predicen que, en una hipotética segunda vuelta, Cepeda sería favorito frente a De la Espriella, pero perdería frente a Valencia si la derecha logra unificarse, un escenario que obliga a una reconfiguración de alianzas en las próximas semanas.
Precisamente, las encuestas muestran un escenario volátil. Un ejemplo es la de AtlasIntel, contratada por Semana, que ha sido cuestionada por su metodología digital y por variaciones en la ponderación demográfica que sobreestiman a De la Espriella en momentos clave —como antes de las consultas de marzo y en la recta final— y han inflado su intención de voto hasta 31% frente a un 25% con ponderaciones estándar. Esta "caja negra" metodológica ha generado debates sobre la transparencia en la medición de la opinión pública.
PetRO EN EL DOBLE FILO: ¿Cambio o miedo?
Aunque Gustavo Petro no es candidato, su nombre es el centro de la campaña. Con una popularidad cercana al 50%, el presidente saliente es el verdadero articulador del voto. El 72% de los simpatizantes de Cepeda apoyan a Petro, lo que apunta a que la elección sea un referéndum sobre su gestión. Petro ha utilizado su capital político para impulsar a Cepeda, apareciendo en entrevistas con streamers (como Westcol) donde ha alcanzado audiencias millonarias que sus rivales no logran replicar, demostrando su dominio del ecosistema digital juvenil .
El debate de fondo, sin embargo, es la propuesta de una Asamblea Nacional Constituyente, idea con la que ha impulsado la única vía para blindar las reformas sociales (salud, pensión, laboral) que han sido frenadas por el Congreso y la Corte Constitucional. Para la derecha, representada por Valencia y De la Espriella, esta propuesta es el "caballo de Troya" del socialismo para destruir la democracia liberal, centralizar el poder y allanar el camino para una reelección indefinida.
En este sentido, la constituyente se ha convertido en la "piedra angular" de la polarización. Mientras Cepeda matiza el discurso para no asustar a los moderados, asegurando que cualquier cambio será democrático, la derecha ha redoblado la campaña del miedo advirtiendo amenazas en contra de sus dos candidatos y augurando un "régimen como el de Venezuela".
El actual mandatario funge como un arma de doble filo porque moviliza a las bases progresistas para defender el cambio, pero también activa un voto de rechazo masivo que ha logrado unir —aunque sea temporalmente— a las facciones disímiles de la derecha colombiana. Esta tensión se refleja en los planes de gobierno debido a que Cepeda propone fortalecer el poder constituyente ciudadano; Valencia y De la Espriella, en cambio, priorizan reformas dentro del marco constitucional actual, con énfasis en seguridad y austeridad.
El resultado del 31 de mayo no solo definirá al sucesor, sino que determinará si la "revolución ética" de Petro muere con su mandato o se profundiza bajo el liderazgo de Cepeda.