Mar. 04 Agosto 2026 Actualizado 2:41 pm

super niño

Foto que muestra la desviación de la temperatura de la superficie del mar (Foto: NOAA)
Venezuela toma acciones concretas ante sus impactos

El "Súper Niño": síntoma de una crisis civilizatoria integral

El pasado domingo 2 de agosto, la presidenta encargada Delcy Rodríguez convocó una videoconferencia con gobernadores y el gabinete ejecutivo para evaluar la recuperación del Sistema Eléctrico Nacional (SEN) tras el doblete sísmico reciente y la activación de un plan preventivo frente al fenómeno climático conocido como "Súper Niño".

Detalló que el sismo generó afectaciones severas en líneas de transmisión y en la generación termoeléctrica, destacando la pérdida de 600 MW en la planta Termo Carabobo, de los cuales —informó— ya se habían recuperado 300 MW. "Las fluctuaciones que hemos tenido en las últimas horas están relacionadas directamente con la pérdida importante de esos 600 MW", señaló la mandataria.

Más allá de la infraestructura, Rodríguez enmarcó la alerta en una dimensión global. Mostró una gráfica del Índice Multivariado de El Niño-Oscilación del Sur (MEI) y advirtió que la temperatura sobre los océanos ha escalado de 1,25 °C a 1,94 °C. "Cuando se discutió el Acuerdo de París ya se pensaba que por encima de 1°C era una emergencia climática", reflexionó.

Potential-2026-El Niño.png

La imagen muestra anomalías de la temperatura de la superficie del mar frente a 1951-1980 en el Océano Pacífico es indicativa de la fuerza de El Niño y tiene una potencial anomalía de 3.5 ° C agregada (línea roja a la derecha) (Foto: Instituto del Cambio Climático - Universidad de Maine (EE.UU.))

La presidenta encargada llamó a construir "una conciencia climática ecológica distinta" ante lo que describió como una situación que ya no admite postergación. El mensaje, en esencia, reconocía que la estabilidad eléctrica venezolana no puede desligarse de la inestabilidad climática planetaria.

El Niño y sus manifestaciones en la cotidianidad

El Niño-Oscilación del Sur (ENOS) es, en términos didácticos, una danza periódica entre el océano y la atmósfera en la cuenca del Pacífico tropical. Durante un episodio de El Niño, los vientos alisios del este —que normalmente empujan las aguas cálidas en dirección a Asia— se debilitan o incluso invierten su dirección.

Eso permite que la llamada "piscina cálida" del Pacífico occidental se desplace hacia las costas americanas —frente a Perú y Ecuador—, y caliente masivamente la superficie oceánica. La NASA explica que el fenómeno altera la circulación atmosférica a escala global, modifica las corrientes y redistribuye las lluvias y las sequías por todo el planeta.

Su contraparte, La Niña, opera a la inversa: los vientos alisios se fortalecen, acumulan el calor en el Pacífico occidental y suelen traer lluvias intensas a regiones que durante El Niño se secan.

En la cotidianidad venezolana, esto se traduce en una dicotomía crítica. El Niño suele asociarse con sequías prolongadas, altas temperaturas y reducción de los caudales hídricos; La Niña, con temporadas de lluvias torrenciales, crecidas de ríos e inundaciones. El "Súper Niño" no es un término oficial, pero los meteorólogos lo emplean para designar episodios excepcionalmente intensos, aquellos en que las anomalías térmicas superan los 2 °C sobre el promedio histórico.

Según el Centro de Predicción Climática de la NOAA, existe un 81% de probabilidad de que El Niño alcance una intensidad "muy fuerte" entre octubre y diciembre de este año, con un 97% de probabilidad de que persista hasta la primavera boreal de 2027. El índice Niño-3.4 ya marcaba +1,2 °C, con el índice oriental Niño-1+2 en +2,7 °C.

Impactos multiformes sobre el acceso al agua, energía, salud y alimentos

Buena parte de la matriz eléctrica venezolana depende de la generación hidroeléctrica —particularmente del Complejo Hidroeléctrico Guri— y una prolongada sequía reduce los embalses y fuerza el despacho de plantas térmicas, lo que encarece el costo del kilovatio y eleva las emisiones.

Para enfrentar los rigores de la inestabilidad climática, la presidenta encargada anunció cuatro líneas de acción preventivas:

  1. La incorporación de 480 MW adicionales de generación termoeléctrica, amparados en nuevos contratos y alianzas con empresas como General Electric e INSA.
  2. Un despliegue nacional para la prevención de incendios forestales, el monitoreo constante de los embalses y la preservación de cuencas hídricas.
  3. Una articulación directa con la agroindustria a través del Consejo Nacional de Economía para garantizar la seguridad alimentaria frente a las sequías.
  4. Un llamado masivo al ahorro consciente de agua y energía desde el núcleo familiar y laboral.

Sin embargo, estas acciones coyunturales chocan contra el muro del asedio financiero. Según Oswaldo Felizzola, experto del IESA, Venezuela posee una capacidad instalada teórica de 36 GW, pero el sistema opera actualmente entre un 30% y un 35%. Este déficit crónico no responde únicamente a la fuerza de los fenómenos naturales, sino a más de una década de medidas coercitivas unilaterales que han impedido la compra oportuna de repuestos y equipos fabricados por encargo (que demoran hasta cinco años en manufacturarse) y estrangulado la capacidad de respuesta de la industria eléctrica nacional.

Durante El Niño, una central hidroeléctrica puede pasar de operar al 100% al 30% de su capacidad por falta de caudal. En países cercanos como Colombia, ya se alerta sobre reducción de ríos y embalses, mayor probabilidad de incendios forestales y riesgo tanto para el abastecimiento de agua como para la generación eléctrica. Las olas de calor extremo, con temperaturas sobre 38 °C, incrementan los casos de deshidratación, agotamiento por calor y afecciones respiratorias por el humo de incendios.

136560_sequia14.jpg_1609701233.jpg

En anteriores ocasiones como 2016, El Niño ocasionó sequías extremas que afectaron la capacidad generadora de la represa Guri (Foto: Alba Ciudad)

En la esfera económica y agrícola, la escasez hídrica impacta negativamente las cosechas, altera los ciclos de siembra y seca los pastos. El escenario crítico es agudizado por las actuales disrupciones geopolíticas en Rusia y Asia occidental, lo que justifica que el gobierno venezolano decrete la protección agroalimentaria como un asunto imperativo de seguridad de Estado.

En cuanto a la salud pública, las temperaturas extremas exacerban las patologías respiratorias y cardiovasculares en poblaciones de riesgo, al tiempo que el almacenamiento doméstico de agua (producto del necesario racionamiento) fomenta la proliferación de vectores de enfermedades virales.

El secretario general de la ONU, António Guterres, advirtió: "El Niño se intensifica y aviva un planeta ya en llamas". Según la OMM, "de aquí a octubre, prácticamente todas las zonas terrestres del planeta serán más cálidas de lo normal".

El coordinador humanitario de la ONU, Tom Fletcher, anunció el 28 de julio de 2026 la movilización de hasta 100 millones de dólares para acción anticipatoria, y advirtió que este episodio podría superar al de 2023-2024, que dejó decenas de millones de personas necesitadas de asistencia.

La FAO, por su parte, identifica riesgos agrícolas severos en el Sahel, el sur de África, el sudeste asiático y el Corredor Seco de Centroamérica.

La agencia financiera JP Morgan estima que, combinado con un petróleo cercano a los 100 dólares por barril, El Niño podría añadir entre 132 y 209 puntos básicos a la inflación alimentaria en Colombia, Brasil y Perú. El arroz, base alimentaria de miles de millones, podría ver reducida su producción entre un 20% y un 50% en las regiones más afectadas.

El "Súper Niño" como síntoma de una crisis total

El "Súper Niño" de 2026 es una manifestación de la crisis ambiental global que evidencia el rebasamiento de los límites planetarios. Según el Laboratorio de Ciencias de Límites Planetarios del Instituto de Potsdam para la Investigación del Impacto Climático (PIK), siete de los nueve límites críticos del sistema Tierra ya han sido superados, uno más que en el informe anterior:

"Más de tres cuartas partes de los sistemas de soporte de la Tierra no se encuentran en la zona segura. La humanidad está sobrepasando los límites de un espacio operativo seguro, lo que aumenta el riesgo de desestabilizar el planeta", subrayó Johan Rockström, director del PIK y coautor del informe.

Además del cambio climático, la integridad de la biodiversidad, deforestación y cambio de uso del suelo, alteración de los ciclos de nitrógeno y fósforo y exceso de energía acumulada, se identifica como novedad la superación del límite de acidificación oceánica. Estos procesos permitieron que las civilizaciones florecieran durante los últimos 10.000 años, pero en la actualidad han traspasado las "líneas rojas".

image-768x872.jpeg

Procesos que permitieron que las civilizaciones florecieran durante los últimos 10.000 años han traspasado las "líneas rojas" en la actualidad (Foto: Instituto de Potsdam para la Investigación del Impacto Climático)

El informe del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) de 2023 indica que el calentamiento global antropogénico, impulsado por las emisiones de gases de efecto invernadero, ha amplificado la intensidad y frecuencia de fenómenos como El Niño. Las temperaturas oceánicas récord son tanto causa como consecuencia de la superación de los límites planetarios.

Este escenario evidencia una crisis civilizatoria que trasciende lo puramente ambiental. La humanidad no enfrenta únicamente una crisis energética o climática, sino un desafío sistémico que exige repensar el modo de producción y consumo dominante. La dependencia de los combustibles fósiles, la expansión de la frontera agrícola a costa de los ecosistemas naturales y la acumulación de sustancias artificiales que exceden la capacidad de asimilación del planeta son expresiones de un modelo civilizatorio que ha llevado a la Tierra a una situación de riesgo severo.

La preparación de Venezuela para el "Súper Niño", aunque necesaria, se inscribe en un contexto de vulnerabilidad estructural que no puede resolverse únicamente con acciones locales. Las medidas de prevención, ahorro energético y protección agrícola son respuestas inmediatas a una crisis cuyas raíces profundas requieren transformaciones globales.

La advertencia de la presidenta encargada sobre la necesidad de una "conciencia climática ecológica distinta" apunta precisamente a la dimensión cultural y civilizatoria del desafío, aunque las acciones anunciadas se mantienen en el ámbito de la gestión de la emergencia más que en el de la transformación estructural.

El rebasamiento de los límites planetarios es una advertencia. Como señalan distintos científicos y movimientos sociales, aún es posible actuar mediante políticas ambiciosas, reducción de emisiones, protección de la biodiversidad y transformación de los sistemas de producción y consumo, sobre todo en los países del Norte global.

El margen es cada vez más estrecho. Son estrictos los límites termodinámicos que enfrentaría una eventual transición ecológica bajo el actual modelo capitalista, sobre todo porque está basado en un crecimiento infinito a partir de un planeta finito. Además, la preparación para eventos extremos como el "Súper Niño" debe ir acompañada de una reflexión profunda sobre la sostenibilidad del modelo civilizatorio que los produce.

Venezuela ha insistido en transformaciones radicales y el precio que se paga por exigirlas está a la vista.

— Somos un grupo de investigadores independientes dedicados a analizar el proceso de guerra contra Venezuela y sus implicaciones globales. Desde el principio nuestro contenido ha sido de libre uso. Dependemos de donaciones y colaboraciones para sostener este proyecto, si deseas contribuir con Misión Verdad puedes hacerlo aquí<