Trump ordenó al ejército estadounidense que no llevara a cabo nuevos ataques contra el país el viernes [24 de julio] por la noche, a pesar de haber aprobado anteriormente un "ataque masivo llamado 'Puertas del Infierno'" contra Irán.
Estados Unidos ha solicitado ahora un nuevo alto el fuego temporal con Irán y busca retomar el memorando de entendimiento que había colapsado y suspendido, con conversaciones que incluyan a Yemen, y con Trump buscando que Ansarolá sea parte de las negociaciones.
Es evidente que Trump está enojado y teme que la guerra esté acabando con su presidencia —y su legado—. Irán rechazó rotundamente cualquier negociación a lo largo de esta última semana del 28 de julio y confirmó que no iniciará negociaciones bajo ninguna circunstancia. En pocas palabras, ¿por qué Teherán aceptaría darle tiempo a Washington para reorganizarse y rearmarse antes de lanzar otra ronda de ataques contra Irán, cuando tiene a Estados Unidos "a la defensiva"?
¿Un regreso al memorando de entendimiento cuya credibilidad Trump ha destrozado una y otra vez? Es poco probable.
Will Schryver señala que circulan rumores de que el Pentágono está presionando a Trump para que suspenda la guerra con Irán ya que Estados Unidos casi ha agotado sus reservas de misiles interceptores de defensa aérea y de ataque a distancia. Los principales asesores del presidente también están inquietos ante la posibilidad de que la guerra en Asia Occidental se extienda, el distanciamiento de aliados claves del golfo que son vulnerables a nuevos ataques iraníes y la inminente crisis energética. "Pocos, si es que alguno, en el círculo íntimo del señor Trump creían que el plan de intensificar la escalada fuera acertado, dijeron las dos personas informadas", reporta el New York Times.
También parece que las jugarretas sobre la situación exacta del suministro de combustible en Estados Unidos podrían haber influido en el cambio de postura de Trump. Larry Johnson informa que:
"(Un) informe elaborado por Karl Miller analiza cómo las operaciones secretas de adquisición y exportación de combustible por parte de las Fuerzas Armadas estadounidenses están agotando las reservas nacionales de diésel y combustible para aviones, especialmente en un momento en que las existencias nacionales ya se encuentran en niveles críticamente bajos".
En resumen, Miller dice que:
"Gran parte de esta exportación —encubierta— de combustible se canaliza a través de vías opacas, como el centro de transbordo de Róterdam, donde el destino final—ya sea militar o extranjero— no se divulga públicamente, lo que deja a la economía estadounidense expuesta a riesgos de escasez, mientras que las operaciones militares y extranjeras —'en particular, las de Israel'— reciben acceso prioritario".
Este informe de Miller parece estar relacionado con la manipulación abierta por parte de las autoridades estadounidenses de los índices de referencia del petróleo, con el objetivo de convencer a los mercados de que no existe peligro de escasez de combustible debido a la liberación de emergencia en curso de 172 millones de barriles de la Reserva Estratégica de Petróleo (SPR, por sus siglas en inglés), que se inició para contrarrestar las perturbaciones en el suministro derivadas del conflicto con Irán.
Si bien el nivel mínimo de seguridad establecido es de 250 millones de barriles —el nivel actual ronda los 300—, se está promoviendo la idea de que la reducción puede ir aún más lejos —hasta los 70 millones de barriles diarios (mb/d)—. Pero, ¿es posible? ¿Cuál es el nivel mínimo al que pueden llegar las reservas estratégicas de petróleo? Es más complicado que simplemente un gran tanque de crudo con un nivel específico. La SPR está compuesta por numerosas cavernas y contiene diferentes tipos de petróleo crudo, que se están extrayendo a ritmos distintos, y es probable que algunas cavernas se derrumben si se vacían en exceso. En resumen, nadie sabe hasta dónde es demasiado. Todo son conjeturas.
Ahora que el ataque militar de Trump ha dejado a sus oponentes sin fuerzas, la única forma de volver a las negociaciones sería ofrecer concesiones reales desde el principio. Pero, incluso si Trump hiciera esto, ¿le creerían? ¿Y podría el estado mental de Trump soportar tal humillación implícita?
El principal obstáculo en el camino hacia la reanudación de las negociaciones con Irán es que él y su círculo más cercano creen entender a Irán a la perfección. Afirman creer que se enfrentan a un liderazgo intransigente y de línea dura, mientras que los iraníes en su conjunto anhelan una salida.
Esto es una equivocación; es al revés. Son los líderes quienes son pragmáticos, y es "la calle" la que, en general, se muestra más intransigente y exige venganza. Y exige saber por qué debería haber negociaciones en primer lugar.
Por otra parte, el equipo de Trump y sus seguidores de Fox News han abandonado la visión anterior que Estados Unidos tenía de sí mismo como una nación redentora a una "caracterización de sí mismo" maniquea y radical, escribe el profesor Michael Vlahos:
"Las 'buenas noticias' estadounidenses han sido reemplazadas por el espectro siempre presente del mal y la amenaza de la fuerza. Las palabras sagradas, 'Libertad' y 'Democracia', aunque aun se repiten, se han convertido en un mantra vacío. El 'evangelio' estadounidense ya no predica sobre la redención y la expiación: ahora se centra en la imposición de la ley y el castigo. El giro radical ocurrió en un instante, el 11 de septiembre y con Guantánamo".
El problema, entonces, se centra en la actitud: ¿Cómo es posible negociar o dialogar con la encarnación del mal —como Trump se refiere a los iraníes—? No es posible, por supuesto. Ese era precisamente el objetivo de describir a los enemigos en términos tan oscuros. Esto impide una verdadera mediación. Impide una solución que pueda verse como el ascenso al poder de "una de las personas más malvadas de la historia", al frente de una "banda de matones sedientos de sangre". Reduce la política a la búsqueda del dominio sobre la "alteridad".
Occidente presenta una forma particular de pensar que considera que representa la esencia de lo humano. Este modo de pensar —a menudo denominado "apolíneo"— está vinculado con el patriarcado, con el derecho y con un pensamiento vertical, de arriba hacia abajo, secular, racional y mecanicista. Ofrece poco espacio para lo "intermedio". Las cosas son o bien "A" o bien "no A".
Sin embargo, otra esfera —a menudo denominada "dionisíaca"— expresa la dualidad energética tanto en la naturaleza como en el ser humano: lo masculino y lo femenino; el orden y la transgresión exuberante; y la rectitud y la degeneración. Estos elementos forman los polos dentro de la conciencia que coexisten en nosotros y que se constituyen mutuamente. (El logos dionisíaco podría considerarse, tal vez, como la sombra o, incluso, como la rebelión contra Apolo).
Y luego está Perséfone (la cara oculta de la "sombra" dionisíaca), que expresa la existencia ctónica y femenina. Aquí no hay un polo masculino, sino solo una diosa que irradia terrenalidad y el principio femenino de la reproducción, el proceso de crecimiento y de cuidado, y el conocimiento del inframundo —llamado intuición—, simbolizando la vida cíclica de Afrodita: la decadencia, la muerte y la renovación definitiva.
Sin embargo, la conciencia expresa principalmente la cualidad humana desde una orientación concreta. No obstante, todas las civilizaciones se nutren de toda la diversidad de esos componentes de la conciencia que, de una forma u otra, responden a una civilización concreta.
Pensar desde una cultura es pensar de una determinada manera; sin embargo, pertenecer a una cultura diferente, a un grupo étnico diferente o a una religión diferente significa que la forma de pensar será distinta. No obstante, todos seguimos siendo humanos.
Así pues, la arrogancia imperial de Trump está empezando a enfrentarse al hecho de que le resultará difícil —quizás imposible— encontrar una solución para Asia Occidental, porque ver el mundo desde una perspectiva puramente apolínea es, en esencia, algo masculino y exclusivista que no logra comprender la "alteridad", sino que se basa en un privilegio excepcional. Simplemente no reconoce —ni puede — la pluralidad de mentalidades.
Estados Unidos ha perdido la guerra. Al adoptar un lenguaje maniqueo tan intransigente, Trump se ha alejado de facto de cualquier posible solución diplomática. Al ampliar el conflicto —Líbano, Yemen, Siria e Irak— ha complicado enormemente cualquier vía diplomática. Todos los elementos están interrelacionados, pero también tienen agendas propias. Por lo tanto, una solución implica una compleja matriz de cuestiones, más que una disputa binaria entre Estados Unidos e Irán únicamente.
En última instancia, Washington tendrá que capitular, lo que dará lugar a que Irán se convierta en una potencia regional —fortaleciendo a Rusia y a China—, mientras que la región irá aceptando poco a poco esta nueva realidad de Asia Occidental.
Este artículo fue publicado originalmente en inglés en Strategic Culture el 28 de julio de 2026 y fue traducido para Misión Verdad por Spoiler.